Si te has despistado este año, rebobinamos y le damos al fast forward lo justo, para que te quedes solo con la crema.

¡Probando, probando!, ¿se nos oye bien? Nos adelantamos a 2018 ofreciéndote, de la mano de J&B, un aperitivo de lo que va a venir el año que viene, para ir abriendo boca.

No es que haya nada que olvidar, pero no me negarás que todos tenemos grabada esa canción en el mesencéfalo a base de escuchas voluntarias o accidentales, covers oportunísimas incluidas. Fonsi y Daddy Yankee han conquistado el mundo en 2017, y a estas alturas ya tienen acólitos como J Balvin que tienen muy claro cómo seguir el rollo, así que ten claro que la fiesta latina va a continuar sin tregua en 2018, haga frío o haga calor, vayas rápido o des-pa-ci-to.

Te pongas como te pongas, hay que poner todo ese perreo en lo alto del podio anual. Despacito sería el primer corte de una mixtape hipotética con lo que ha dado de sí 2017, esa playlist que además nos puede dar alguna pista sobre cómo va a sonar el 2018. Así que ábrete de orejas mientras lees esto, porque no vamos a invertir más tiempo del necesario, que ya sé que tienes una comida de empresa, estás enloqueciendo entre los pasillos del Todo a 100 buscando el dichoso Amigo Invisible, o te esperan los abuelos para cenar. Te voy a hacer un resumillo de cuñao algo loco pero sensato.

Antes de nada, tienes que tener muy claro un nombre: Rosalía. Si hay una artista de la que vayamos a volver a oír en 2018, y que vaya a generar tendencia para lo que venga, es esta cantaora barcelonesa de talento colosal. Con su primer disco, “Los Angeles”, Rosalía consuma un nuevo despertar no únicamente del flamenco, sino del pop español en general. A partir de sus versos estremecedores, donde el poderío flamenco junta tradición con modernidad, se puede entender lo que vendrá, lo que de alguna manera ya está sucediendo. El nuevo-nuevo flamenco se basa en la mezcla dislocada de formas y estilos, se viste con chándal y se derrama más allá de los tablaos. Por eso en 2018 hay que darle bien las palmas a Dellafuente, un reguetonero que utiliza samplers de Morente, o al malagueño Josele Junior, que se marca unas vaciladas enormes de flamenco-trap con extra de queso fake nigga incluido. El duende poligonero de Maka también tiene cuerda para rato y, mientras esperamos lo nuevo de un genio rompe-moldes como Niño de Elche, hay quien incluso se ha atrevido a hacer un disco de flamenco sin guitarra, caso de Rocío Márquez.

Si le vas cogiendo el tono a la cosa, enseguida te das cuenta de que dos baldosas más allá, se respira un poco más de pop, pero el aliento sigue siendo de herencia y folklore: con su debut, Maria Arnal y Marcel Bagés han logrado dar forma a un cancionero que corta el aliento y pone los pelos como escarpias. “45 cerebros y 1 corazón” es un disco de los que se oyen cada mucho, canciones que son todo entrañas, donde sobra la lógica. Con su regreso, Los Planetas también se arriman al lado más pop del cante jondo, mientras buscan la grandilocuencia cosmológica en piezas como Islamabad, una canción con tanta épica y capas de discurso que no sería de extrañar que llegara a plagiarse pronto.

Una vez encendido el foco del pop, también podemos ver que incluso Pau Vallvé puede hacernos bailar cuando quiere, y que si Joe Crepúsculo monta una fiesta de pijamas en la playa, habrá tortas para entrar. Pero las voces que se han hecho oír de verdad son las de Ariadna de Los Punsetes, que siguen marcando distancias con su punk pop abrasivo; el acento dulce de Clara Viñals, de Renaldo & Clara, que nos han encandilado a todos sin remedio con un disco breve y preciso como “Els afores”; y, con un aire más folk, pero inspirada y descarada a más no poder, Núria Graham, que ha bebido de las fuentes de musas antiguas y nuevas para dar a luz un segundo disco que hará que muchas chicas se piensen muy en serio lo de agarrar una guitarra.

Porque si algo está claro sobre 2017 es que ha sido el año del empoderamiento definitivo, y esto no se va a parar. Nos podemos poner electrónicos y sedosos con la shower music de Awwz, una catalana que ya se está acostumbrando a actuar en clubs de Sudamérica, o elevarnos con las órbitas crepitantes de Museless; envolvernos en los halos rítmicos de la argentina Juana Molina, entre los claroscuros sonoros del dúo de satén electrónico Nuu, o seguir el brío urbano y selvático de la sandunguera Nathy Peluso, a la que seguro le van a copiar todos los filtros en 2018: el caso es que la voz cantante la lleva siempre una tía, y esa bola va a crecer, y eso son buenas noticias para la electrónica y el r&b de este país. Se nos acaban los dedos de las manos, pero apunta al menos otro nombre, el de Girl Ultra, que solo ha sacado un EP y va volver a sacudirnos el cuerpo en 2018, eso seguro. De Bad Gyal, ¿se sabe algo?

Frente a tanta fémina con talento se nos cuelan algunos tipos destacables, como el venezolano Arca, que subyuga con las mutaciones melancólicas de sus nuevos mantras electrónicos. En el lado macho de la vida, nadie le va a negar el trono de ídolo a C. Tangana, que de los bajos fondos del rap madrileño ha escalado a lo más alto de las listas de Spotify. Bajo ese manto de trap y reggaeton roto se mueven gente aventajada como Pimp Flaco, que junto a Kinder Malo han construido una verdadera familia en torno a sus ritmos viciados, y no muy lejos andan Mueveloreina con sus lemas de empoderamiento sonriente, o el trap de satén de Yung Beef.

Hay constantes de las que nunca podemos despistarnos, como el eterno renacer del rock con proezas de la naturaleza como Cala Vento o la distorsión urgente La Plata, más regresos inesperados como el de los míticos The Unfinished Sympathy. Para 2018, tendremos también más y mejor de gente de bien como Joan Colomo, Las Ruinas o los mallorquines Da Souza, que ya casi tienen listos sus nuevos discos.

Y por ahí van a ir los tiros. Las coordenadas musicales de 2018 se adivinan y se entienden cuando ponemos en la misma centrífuga el nuevo flamenco con ansías de mezcla, cualquier ramificación imaginable que nazca del trap y el reggaeton, la reinvención constante de los pilares del rock, el pop y el folk, más la creciente presencia femenina en la música electrónica y la invasión sin tregua de esas oleadas de gustera mainstream a base de ritmos latinos y africanos. Piensa poco y muévelo rápido.

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