Un comedor situado a menos de un kilómetro del puente internacional Simón Bolívar, el principal paso de la frontera colombo-venezolana, atiende a más de 4.000 ciudadanos venezolanos que a diario cruzan la frontera para almorzar.

Las filas se alargan hasta un parque situado a dos calles del lugar donde la gente espera bajo el sol el turno para poder entrar a almorzar. Arroz, lentejas, carne desmenuzada y yuca, una porción generosa que desde el más joven hasta el más anciano comen con gusto y agradecimiento, dijo Carlos Rodríguez, quien desde hace cuatro meses visita a diario el comedor comunitario, una iniciativa de la Diócesis de Cúcuta.

“Para llegar acá tengo que caminar ocho cuadras” indicó Rodríguez, quien llega a pie todos los días desde su natal San Antonio del Táchira y agradece la ayuda que le brindan en Colombia en un momento complicado para su país.

El menú en el comedor siempre varía y para Nelly Amparo García, que también vive cruzando el Simón Bolívar y tarda más de media hora en llegar al comedor desde su casa, la comida que le dan sabe a manjar.

“Hoy nos dieron unas lentejas bien buenas; el comedor es muy bonito y dan muy buena atención; todo está limpiecito”, dice sobre el lugar, decorado en su fachada con tres cuadros de la Virgen María, el papa Francisco y la Madre Teresa de Calcuta.

La idea del comedor surgió en el año 2017 cuando, inspirado en el mensaje papal de ayudar a los migrantes del mundo, el sacerdote colombiano José David Cañas Pérez, de la Diócesis de Cúcuta, quiso aportar para ayudar a los venezolanos que llegaban a Colombia.

“Vinimos con una ollita a tratar de mitigar y ayudar a los hermanos venezolanos, después nos dimos cuenta de que no podía ser algo puntual sino que teníamos que organizarnos y fue así como alquilamos este terreno”, relató.

A su iniciativa se sumó gente de Cúcuta y el gremio del calzado, una industria fuerte en la ciudad, y el sector de las confecciones, empezaron a aportar almuerzos.

El primer día de funcionamiento del comedor fue el 5 de junio de 2017, pero como los centenares de almuerzos que preparaban entonces no alcanzaban, hacían un filtro para atender solo a los más necesitados.

Sin embargo, todo cambió el año pasado cuando el Programa Mundial de Alimentos (PMA), de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), comenzó a ayudar con mercados para preparar la comida.

“Nosotros, desde lo humano, tratábamos de dar 100 almuerzos diarios pero no pensamos que iba a entrar lo divino; llegó la misericordia de Dios y empezaron a aparecer los servidores, porque esta casa funciona por ellos, son como 800 personas que hay por mes, un promedio de 120 por día”, destacó el sacerdote.

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