La escasez de medicamentos en Venezuela ha provocado el nacimiento de un mercado informal de pastillas y jarabes en Cúcuta, el cual es frecuentado por miles de venezolanos que cruzan a diario para comprar remedios sin ningún tipo de control.

De las 35.000 personas que cruzan diariamente el puente, cerca de 1.700 lo hacen en busca de medicamentos. Gustavo Torrijos

Juan Carlos Lemus, electricista venezolano de 58 años, sufre del corazón y todos los días cruza la frontera desde San Antonio a Cúcuta para comprar sus medicamentos. Hace cinco años su doctor le recetó unas pastillas para cuidarse la tensión, pero desde hace tiempo que en Venezuela no las consigue.

“En Venezuela hace rato que no hay medicinas y si las hay son muy caras. Yo sé que a veces pareciera que uno no sabe qué está comprando y que hacerlo en la calle es raro, pero es mejor a esperar a uno morirse o que le pase algo”, cuenta Lemus, mientras regatea el precio de unas pastillas de Losartán de 500 mg.

 

Las drogas pueden estar vencidas, dañadas o manipuladas, pero eso a Juan Carlos, como a muchos venezolanos que cruzan para comprarlas, no le importa. Miles de enfermos con afecciones crónicas tienen dificultades para acceder a sus tratamientos en Venezuela, país en el que la escasez de medicamentos ronda el 85 %, de acuerdo con la Federación Farmacéutica Venezolana (Fefarven). De hecho, de las 35.000 personas que cruzan diariamente el puente, cerca de 1.700 lo hacen en busca de medicamentos, según cifras del Instituto Departamental de Salud de Norte de Santander.

En tanto, los venezolanos siguen con pocas opciones ante el desabastecimiento de medicinas. Una de ellas podrían ser las donaciones que llegaron el jueves por toneladas al puente de Tienditas, en Cúcuta, desde Estados Unidos en respuesta al pedido del opositor Juan Guaidó, reconocido como presidente interino de Venezuela por medio centenar de países.

 

“Nosotros esperamos que esas medicinas pasen, porque las necesitamos. No es como dice Maduro que aquí no pasa nada, porque yo he tenido que enterrar a familiares míos por cosas como una gripa”, dice María Álvarez, venezolana de 28 años nacida en Maracay, en el estado de aragua, y madre de dos niños de seis y tres años.

La opción mientras se esclarece el tema de las donaciones de medicamentos sigue siendo la farmacia callejera. La venezolana Reina Gómez, de 73 años, exinstructora de baile y pensionada, administra uno de los cuatro “negocios” que hay en el puente. En su mercado se pueden encontrar medicamentos comunes como el Acetaminofén y la Loratadina, y otros más complejos como el Omeprazol, para dolores gástricos, o el Losartán, para controlar la tensión. También vende pastillas anticonceptivas, curitas y viagra, “si el cliente las pide con antelación”.

“Lo que más se vende es el Acetaminofén y el Omeprazol”, dice Reina Gómez, que lo explica por el desabastecimiento en medicinas y alimentación que vive Venezuela. “La gente tiene dolor de cabeza, porque el estrés es muy bravo, y gastritis porque no comen”, explica la Negra, como la conocen en el puente, mientras concreta la venta de una treintena de tabletas de Acetaminofén a $2.000, casi la mitad de lo que cuestan en Bogotá.

 

Pero el remedio puede resultar más caro que la enfermedad. Medicamentos falsos o adulterados pueden causar ataques al corazón, lesiones hepáticas, fallas renales, embolismos pulmonares e incluso la muerte, según el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos de Colombia (Invima).

Aunque los vendedores de medicamentos insisten en que sus productos “están al día”, comprarlos en la calle es un riesgo, de acuerdo con los funcionarios fronterizos. A pesar de que en las inmediaciones del puente hay droguerías, para quienes trabajan allí es difícil competir con los precios de los ambulantes. “Las pastas las venden a la mitad”, dicen.

Y mientras se define cómo será la logística de la entrega de las donaciones hechas por Estados Unidos, que están atascadas desde el pasado jueves en el puente de Tienditas por el pulso entre el oficialismo y la oposición, los venezolanos que cruzan a comprar medicinas se apartan de la política y piden que se abra el paso. “Aquí no importa quién mandó qué, si Guaidó o Maduro, sino que lleguen rápido”, suplica Marta Moreno, enfermera venezolana que se gana el diario en una peluquería de Cúcuta; “las estamos necesitando”, concluye.

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