Las participaciones preferentes son un producto financiero legal de alto riesgo. Su naturaleza está a caballo entre los bonos y las acciones y no tienen vencimiento. Hasta aquí todo correcto pero…

El problema es que en España colocaron este producto, pensado para instituciones, mayoristas y grandes inversores, a pequeños clientes ahorradores de toda la vida que no sabían lo que firmaban.

Las participaciones preferentes se empezaron a comercializar en los años 90. Las entidades de gran tamaño controlaban y distribuían estos productos financieros entre entidades institucionales. Está claro, desde sus inicios, que este producto estaba dirigido a mayoristas y grandes inversores. A finales de la década de los 90 y principios del 2000, coincidiendo con la época dorada de las fusiones y expansiones de los bancos, costaba creer lo que vendría después.

A raíz de la crisis financiera de 2008 con la quiebra de Lehman Brothersel sistema financiero mundial se vino abajo. Pero en nuestro país, por cuestiones de imagen política, se negó en todo momento la situación de crisis y nos hicieron creer que, a pesar de todo, teníamos el sistema financiero más sólido del mundo.

La economía digital en el mundo: países que la lideran y los más prometedores

Mientras en el resto del mundo los gobiernos acudían al rescate de los bancos, en España se transmitía la idea de que no era necesario nacionalizar ni rescatar a ninguna entidad bancaria. No había dinero público para la banca porque no hacía falta.

A pesar de que las participaciones preferentes eran un producto financiero legal, en nuestro país no se comercializaron de forma honesta. En plena crisis financiera la banca consiguió el rescate que necesitaba con el dinero de pequeños ahorradores. Fueron muchos los afectados por la compra de estos productos dirigidos a mayoristas. Pero ¿por qué vendieron los bancos y las cajas estos productos a sus clientes de toda la vida sin explicarles en qué consistían? Las cajas no tienen acciones y para captar capital tenían que emitir otros instrumentos, entonces emitieron preferentes.

Asimetría de la información

Como cualquier producto de inversión, las participaciones preferentes siempre han tenido implícito el riesgo financiero. Aunque era prácticamente imposible, podía darse el caso de perder todo lo invertido si la entidad quebraba. Este tipo de productos con sus características, sus pros y sus contras, sólo los conocían a fondo los actores especializados y que, de forma habitual, mercadeaban con ellos.

De hecho, el principal problema de las participaciones preferentes es la desinformación que existía al respecto. Se plantea un escenario en el que existía un desequilibrio desproporcionado entre la información que manejaban los bancos y la que recibían los clientes que compraban estos productos. Es lo que los estudiosos llaman asimetría de la información.

Cuatro de cada diez bancos aún están empezando a adaptarse a la PSD2

Participaciones preferentes es una traducción mal interpretada de preferred shares, que significa acciones preferentes, pero como en España también las vendían las cajas (y las cajas no pueden vender acciones) se le puso el nombre de participaciones preferentes, haciendo creer a los clientes que se las vendían en exclusiva a ellos. Incluso los folletos publicitarios que informaban sobre ellas eran de difícil comprensión.

Qué son las participaciones preferentes

Firme usted aquí

Cientos de miles de familias en mayor o menor medida se han visto involucradas en la que es la mayor estafa bancaria de nuestro país. Aún sigue la lucha, las protestas y las demandas judiciales para conseguir los ahorros que les robaron, además engañados.

Las malas prácticas bancarias no han sido cosa exclusiva de nuestro país. Pero sí que es verdad que, en comparación con las sanciones impuestas en otros países, en el nuestro han sido mínimas.

Las participaciones preferentes dejaron de emitirse prácticamente en 2009, pero los bancos y las cajas continuaron comercializándolas en los años siguientes. Seguían vendiendo estos productos al 100% aunque su precio era inferior. El engaño era ya una estafa en la mayoría de los casos.

La mayoría de los afectados recibían una llamada del director de la sucursal o de su gestor de confianza. Le hablaban de las participaciones preferentes como un producto exclusivo. El pequeño ahorrador llegaba a la oficina y ya se encontraba el documento de adquisición listo para firmar. La banca jugaba con ventaja, sabía que sus clientes no entendían lo que estaban firmando. La caja era consciente que los clientes no sabían que con sus ahorros estaban rescatándola de caer al abismo en el momento de crisis.

Preferentes: la banca ¿nunca pierde?

Han sido más de 700.000 personas afectadas por la venta de participaciones preferentes. Puede decirse que esta estafa se ha utilizado para rescatar a bancos y a cajas. Engaños, negligencias, abuso y omisión de información.

Gracias a la unión que han demostrado los afectados, los jueces han dictado sentencias condenatorias para los bancos, un acontecimiento que sienta precedentes en España.

TIC BEAT

Comments

Dejar una respuesta