Fotografía Archivo

El sábado 4 de agosto, a las 5:41 de la tarde, el presidente Nicolás Maduro presidía un acto por el aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana en la avenida Bolívar cuando el ruido de un impacto interrumpió su discurso. Se trataba de la explosión de un dron que, según las autoridades, llevaba C4 y que tenía por objeto atentar contra el primer mandatario.

Obviamente, el hecho atrajo la atención de los periodistas y equipos reporteriles que cubrían el acto y que, de inmediato, comenzaron a cubrir lo que ocurría tras la explosión. Pero el trabajo periodístico también se interrumpió, en este caso, porque funcionarios militares y policiales detuvieron a 11 de los comunicadores, según informaciones del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa –SNTP-.

Tres periodistas narran cómo fueron aprehendidos por cumplir con su trabajo.

Neidy Freites. Vivoplay

La periodista, que se encontraban en la sede de la televisora web junto a al equipo de guardia de fin de semana monitoreando el acto, dijo que al ver lo ocurrido, ella, un camarógrafo y un fotógrafo salieron a cubrir el evento, para lo cual se llevaron chalecos anti balas y cascos, como hacen usualmente cuando cubren situaciones donde su seguridad esté en riesgo. Se fueron hasta la avenida Universidad en la camioneta del medio. No estaba restringido el paso hacia la avenida Bolívar y siguieron. Hicieron algunas tomas del lugar, cuando varios agentes de la Dgcim se aproximaron a ellos y los obligaron a entregarles los equipos. “Intentaron quitarnos a la fuerza las cámaras y los micrófonos. Después se subieron a la camioneta y vieron que teníamos chalecos y máscaras. Nos preguntaron qué hacíamos con ese equipamiento porque les resultaba sospechoso después de un atentado contra el presidente”, afirmó.

Los mantuvieron detenidos una hora y media en la avenida Bolívar. Después los trasladaron hasta la sede de la Dgcim en Boleíta y allí pasaron aproximadamente dos horas. “Nos hacían presión psicológica; nos decían que nos habían encontrado chalecos y máscaras. Al principio fueron agresivos, pero luego, en la sede, quienes nos recibieron fueron amables”, puntualizó.

Cuando se preparaban para salir de las instalaciones les hicieron firmar un documento en el que se estipulaba que le respetaron sus derechos humanos. “Nos hicieron firmar ese documento y no nos respetaron ningún derecho, nos amenazaron, nos trataron agresivamente en la avenida Bolívar y nos ejercieron presión psicológica, además que no nos permitieron hacer ninguna llamada”, finalizó.

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