A Graciela Cifuentes, venezolana, y su hija Sol “les robaron su vida y sus sueños” una noche de marzo cuando las apuñalaron varias veces, las estrangularon y quemaron en su residencia en México. A la joven, además, la violaron.

Al principio hubo silencio sobre el hecho que ocurrió en marzo pasado en la delegación Álvaro Obregón, de la Ciudad de México, hasta que Cleila Cifuentes, hermana de Graciela, y otros familiares, alzaron la voz para exigir una investigación y que se esclarezca el caso.

“La noche del 15 de marzo del 2018 la casa de mi querida hermana y mi amada sobrina fue asaltada por unos monstruos quienes les arrancaron la vida de una forma que va más allá de todas las atrocidades inimaginables”, dijo Cleila en una carta que envió a la organización Feminicidio Activismo.

EL NUEVO HERALD

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