El Gobierno provincial de Nangarhar, al este de Afganistán, ha informado del secuestro por parte del Estado Islámico (IS, por sus siglas en inglés) de 14 clérigos y profesores de religión en la zona de Shapoli, situada en el siempre conflictivo distrito de Haski Mina, que bordea Pakistán y en el que tanto los talibán como el IS operan abiertamente a pesar de la insistencia por parte del Gobierno de Kabul de que ha sido “despejado”.

“Un grupo de ulemas [clérigos expertos en las disciplinas religiosas y jurídicas musulmanas] se encontraba realizando los exámenes a los estudiantes de la Madrasa [escuela coránica] en Shapoli cuando los rebeldes atacaron y se llevaron por la fuerza a 14 de ellos hacia una localización hasta ahora desconocida”, según ha informado a ATN News el portavoz del gobernador de Nangarhar, Attaullah Khogiani.

Por su parte, el portavoz del Departamento de Educación, Mohammad Asif Shinwari, ha informado de que “el secuestro fue llevado a cabo por tres hombres armados que no han sido identificados”. A pesar de que el IS no ha reclamado oficialmente la autoría del ataque, tanto la policía como el Gobierno afganos han asegurado que el grupo yihadista está detrás de los hechos.

Los ulemas son sobre todo poderosos en el chiismo, donde su papel está institucionalizado y, por lo tanto, tienen una gran importancia en esa corriente de pensamiento islámico que es enemiga acérrima de la visión radical suní que practica el Estado Islámico. Por este motivo, Khogiani ha insistido en que “las fuerzas de seguridad ya han sido movilizadas para encontrar a los secuestrados y conseguir su puesta en libertad”, y ha declinado ofrecer más información “para salvaguardar la seguridad de los secuestrados”.

La madrasa de Shapoli es una de las más importantes de la zona y en ella estudian alrededor de 200 niños, que aspiran a convertirse en mulá. Por otro lado, el centro religioso ha sido acusado en numerosas ocasiones de defender las tesis de los talibán que, a su vez, también están en guerra contra el IS. Por ello, no se descarta que éste sea un nuevo incidente de la lucha a muerte entre los dos grupos yihadistas para liderar el extremismo Islámico en Afganistán.

Nuevo ridículo del Gobierno de Kabul

A pesar de que la Administración del presiente afgano, Ashraf Ghani, lleva insistiendo desde agosto de 2016 en que “el distrito de Haski Mina, junto a los de Kot, Achin y Nazian”, todos ellos conocidos por ser centros neurálgicos de los talibán y el Estado Islámico, “han sido despejados de militantes del IS”, según ha informado el gobernador provincial, Salim Kunduzi, parece que los yihadistas no han abandonado del todo la zona.

Hacía meses que fuentes de la OTAN y de Estados Unidos habían indicado que las zonas de Papeen y Gorgory, dentro del distrito, estaban siendo utilizadas por el IS como centro de operaciones, logística y entrenamiento, motivo por el que el Cuerpo Militar 201 del ejército nacional afgano (ANA, por sus siglas en inglés) comandado por el brigadier Mohammad Sangin, lanzó una operación en agosto pasado que Kabul describió como “totalmente exitosa”.

“Los terroristas del IS controlaban casi todo el distrito y llegaron a decapitar al jefe policial y a siete de sus policías, pero gracias al esfuerzo de las fuerzas de seguridad afganas ahora el grupo está desintegrado“, informó entonces Mohammad Ayoub Hassankhail, uno de los comandantes de la policía operando en la zona.

Después de que el distrito fuera “liberado”, Salim Kunduzi insistió en que “ahora el Gobierno tiene que desplegar las fuerzas suficientes para asegurar lo conquistado y proteger el distrito”, así como que “las operaciones contra el IS tienen que continuar para que no vuelvan a la zona”.

A lo que el ministro de Fronteras y Asuntos Tribales, Gulab Mangal, respondió que “el Gobierno reforzará la zona con nuevas tropas y asegurará el distrito para que éste pueda desarrollarse con nuevos proyectos agrícolas y la construcción y reconstrucción de escuelas, clínicas y casas de los habitantes”.

Una promesa que ahora está en entredicho, ya que el IS ha demostrado que, a pesar de haberse retirado del distrito de Haski Mina tras sufrir numerosas bajas, no sólo sigue operando abiertamente en el mismo, trasportar a 14 secuestrados sin ser interceptados por las fuerzas de seguridad afganas es una prueba irrefutable, sino que también podría estar volviendo a sus bases para reconquistar el territorio perdido y cebarse con uno de sus objetivos favoritos: la comunidad chií afgana.

ABC.ES

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