En los últimos años han evolucionado muchísimo los cuentos.

Así, las ediciones tradicionales de los hermanos Grimm en la que asomaban antagonistas totalmente definidos: buenos y malos, han quedado postergadas a las estanterías más altas de las librerías y en su lugar han ganado protagonismo los dibujos modernos de las historias con personajes que pueden ser niños, animales, monstruos amorosos, etc.

Hay muchísimo donde elegir, además, últimamente se llevan los cuentos que ayudan a los niños agestionar las emociones. En ellos, se repite una contante, y es que los personajes modernos son normales éticamente hablando. No son ni buenos ni malos, son personajes que a veces están tristes, o se portan mal, pero son absolutamente normales.

 

Es muy positivo que los niños desde bien pequeños, interioricen que las personas, en la mayoría de los casos, no somos ni buenas ni malas, y que a veces nos portamos bien y otras no tan bien.

Pero echo de menos algo. Y es que, en la vida real, también existen personas que no son buenas. Por desgracia existen individuos que, por satisfacer un deseo personal, hacen daño a los niños o a otras personas. El personaje de “El malo” en los cuentos, es una buena manera de que los más pequeños conozcan el concepto de “persona mala” y puedan, además, enfrentarse a ese tipo de personalidades cuando llegue el momento (si no sabemos que existe algo, no voy a poder enfrentarme bien a ello).

Esta novedosa forma de interpretar los cuentos tradicionales, como una manera de enfrentarse a los “malos”, la he aprendido con Monserrat Morán, autora de la colección “Todo un mundo de sensaciones” y sobretodo gran profesional en el trabajo con niños.

Desde que la conozco, he sustituido mi viejo cuentos de los tres cerditos, en el que al final, se acaban haciendo amigos el lobo y los tres cerditos, por este otro, que termina con estas frases:

“Ploff! El Lobo cayó en un caldero de agua hirviendo que había al final de la chimenea. ¡La comida de los cerditos ya estaba lista! Desde aquel día, los tres cerditos vivieron felices y protegidos en su resistente casa de ladrillos.” Los tres cerditos, Editorial Combel.

Es decir, que desde la versión clásica de los cuentos en que todos los personajes eran buenos o malos a la moderna en la que todos son neutros hay un punto medio: Yo no desterraría del todo al personaje malo que puede ayudar al niño a expresar y exorcizar ciertas emociones que no sabe cómo canalizar.

En nuestra escuela, hemos optado por desarrollar esta idea. Así, después de contarles el cuento, les dejo al personaje del lobo, para que se expresen como ellos lo sientan. Todo está bien: pueden tirarle por los aires, pegarle, pisarlo, atropellarle, les estamos brindando la oportunidad de hacer justicia por otros, y para en caso de necesitarlo, poder actuar simbólicamente frente a los malos.

¿Por qué es importante que los niños tengan la oportunidad de enfrentarse de una manera práctica a las situaciones que les pueden hacer daño?

Lo voy a mostrar con un ejemplo. Imaginaos una situación en el trabajo, en la que un compañero o vuestro propio jefe os ridiculiza u os hace algo que os sienta verdaderamente mal. Cuando llegáis a casa, se lo contáis a vuestra pareja o a un amigo y recibís de respuesta algo parecido a esto:” Si me llega a pasar a mí, yo le hubiese dicho …., vamos, yo no me quedo callado”.

Esta situación es muy común, vuestra pareja, o quienquiera que os esté hablando, lo hace desde la neutralidad que supone la ausencia de implicación, desde su cerebro racional. Pero esa no es la parte del cerebro que estábais utilizando vosotros cuando os enfrentasteis a la situación con vuestro jefe.

Cuando nos sentimos amenazados o presionados, automáticamente, responde nuestro cerebro reptiliano, la parte más primitiva del cerebro, que tiene una función muy importante: sobrevivir. Y esto se traduce en que en esas situaciones no tomamos decisiones desde un punto de vista racional, barajando diversas opciones…no. Solamente tenemos tres posibilidades de respuesta con este cerebro: huir, quedarnos bloqueados o atacar. En las situaciones de trabajo, pocas veces se ataca…

 

Es positivo enfrentar a los niños a las situaciones desde el cerebro racional, en una situación neutra, para que, si en algún momento se sienten presionados, puedan reaccionar atacando o huyendo. También pueden practicar en los centros comerciales: se les puede enseñar a quién deben acudir en caso de extraviarse o pueden practicar con muñecos cómo responder a un niño que les insulta.

Volviendo al cuento que nos ocupa, lo que nosotros hicimos fue fotocopiar en color una hoja en la que saliera el lobo con cara de malo y hacer varias copias. Luego lo recortamos y plastificamos de esta forma:

Esta es una manera, también se puede fotocopiar a los cerditos, y repartir personajes preguntándoles quién quieren ser: cerditos o lobos (buenos o malos). No os extrañéis si quiere intercambiar roles y pasa de poner voz feroz y grave a otra aguda, es normal.

Photo Credit: Madre e hija via Shutterstock

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