Cuando sufrimos la pérdida de un ser querido, nos sumimos en una gran tristeza y no hay consuelo posible. Si eres psicólogo sabrás que la terapia de duelo es una de las situaciones más complicadas de tratar. Si por el contrario eres tú quien necesita acudir a terapia, pueden asaltarte mil dudas acerca de si el psicólogo podrá ayudarte y cómo lo hará.

La respuesta es sí. El psicólogo puede ayudarte a trabajar el duelo, el cómo dependerá de varios factores. Por ejemplo, del momento de duelo en el que se encuentre la persona. Ésta puede negar la realidad, centrarse en otras tareas y evitar pensar en ello.

Se trata de técnicas de protección que son normales en un primer estadio. Sin embargo son perjudiciales si nos quedamos estancados en ellas.

Aceptación

Esta aceptación va más allá de lo racional. No se trata únicamente de saber que esa persona ya no está, sino aceptarlo emocionalmente. Es lo que se conoce como ¨llorarle”. Para ello es importante realizar determinados rituales como un funeral o una carta de despedida. También es importante hablar de la pérdida sin restarle importancia. Todas estas acciones pueden ser muy beneficiosas para aceptar esta pérdida.

Una vez la hemos aceptado, habría que trabajar con ese dolor. Esto no significa evitarlo. De hecho, evitar el dolor puede hacer que el duelo se prolongue.

La fase de la aceptación puede ser una de las más complicadas para trabajar en terapia. El paciente puede no entender la necesidad de sacar ese sufrimiento. Puede tener la sensación de que al salir de la consulta se encuentra peor que cuándo entró.

 

Es necesario encontrar un punto intermedio entre la evitación del dolor y regodearse en él. Para ello, se han de identificar los buenos recuerdos que esa persona ha dejado, y centrarse en ellos.

Posteriormente, se ha de trabajar en la adaptación a un medio sin esa persona. Se puede ayudar a la persona a adquirir un nuevo rol o incluso habilidades que no tenía. También se puede tratar de encontrar la solución a problemas prácticos derivados de la pérdida, como los económicos.

Se ha de encontrar un lugar para la persona fallecida que permita recordarlo pero seguir viviendo. Se ha de trabajar con distorsiones del tipo, “cuanto más sufra quiere decir que lo echo más de menos”.

Hemos de incidir en que recordar al fallecido es inevitable y sano pero que no debemos sentir culpabilidad por hacerlo. Ésta sería la última de las etapas de la terapia de duelo. Sin embargo, las diferencias individuales son múltiples.

Algunas de las tareas que pueden sernos útiles son:

  • Escribir una carta al fallecido expresando nuestros sentimientos
  • Redactar situaciones o recuerdos positivos con esa persona
  • Trabajar con fotos de la persona fallecida
  • Realizar un listado de cosas positivas de tu vida
  • Técnicas de relajación

Es muy importante adaptar cada técnica a la persona y al momento particular del duelo sufrido.

PSICOCODE

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