En este artículo veremos qué nos dicen las emociones y cómo entenderlas.

Las emociones están con nosotros todo el día y a lo largo de toda nuestra vida. No son algo que podamos “no tener” aunque a veces hagamos todo lo posible por evitarlas.

Las emociones, al igual que los pensamientos, vienen y van. Son estados que cambian si los dejamos que sigan su flujo natural. Imaginemos a nuestras emociones como un huésped. Viene, se queda el tiempo necesario y se va.

El problema es que si no permitimos que sigan su curso y nos aferramos a ellas, se quedan más tiempo del necesario, a veces, haciéndonos sufrir más de la cuenta.

Desde el mindfulness, comprendemos que el dolor es inherente al ser humano. El dolor está siempre presente en nuestras vidas. No es la emoción la que nos causa el sufrimiento, si no, lo que hacemos con ella. Muchas veces, por evitar este dolor, nos “anestesiamos” o nos enganchamos a ella sin saber cómo soltarla. Es algo normal, todos lo hacemos en ocasiones porque no nos han enseñado qué hacer con ellas.

Un paso fundamental para ver qué hacer con ellas es entender qué estamos sintiendo. Entender qué nos quiere decir esa emoción.

Entonces, veamos qué nos quieren decir las siguientes emociones básicas:

Tristeza

La tristeza es una emoción básica “desagradable”. Nos llega cuando hemos perdido algo que nos importa o a alguien que valoramos y queremos. Puede ser algo como la rotura de un jarrón de gran valor sentimental, un trabajo, la ruptura de una relación o la pérdida de un ser querido.

Cuando sentimos tristeza, quiere decir que esa persona o ese algo era muy importante para nosotros. Por lo tanto debemos honrarlo como tal.

Podemos reconocerla porque tendremos ganas de llorar. Sentiremos un vacío en el corazón. Tendremos pocas ganas de hacer cosas, etc.

La tristeza, sociológicamente, invita a ser arropados por los demás. A que nos cuiden y que, en grupo, podamos salir de la tristeza más fácilmente.

Miedo

El miedo es una emoción que podemos clasificar como “desagradable”. Es una emoción que nos previene de posibles peligros. Además, activa nuestro cuerpo para huir, quedarnos quietos o atacar según la circunstancia.

La función de esta emoción es mantenernos a salvo y lo ha hecho muy bien durante miles de años.

El problema es que nuestro cerebro no distingue entre peligros de vida o muerte o peligros que no lo son. Simplemente, si se siente amenazado, activa nuestra respuesta de huida-ataque. Sentimos cosas como calor en el cuerpo, ganas de correr, temblores, sudores, rubor, taquicardia, etc. Las personas con miedo escénico, por ejemplo, sufren una hiperactivación del sistema nervioso.

 

Aquí debemos valorar si estamos realmente en peligro o es una percepción de nuestro cerebro. Debemos recordar que nuestro cerebro está programado para buscar amenazas y protegernos de ellas.

Enfado

El enfado es una emoción que también podríamos clasificar como “desagradable” ya que cuando estamos enfados no nos sentimos bien.

El enfado tiene una misión fundamental y tiene que ver con los límites. Cuando nos sentimos limitados de alguna manera y percibimos un obstáculo que nos está bloqueando, nos enfadamos (a veces frustramos).

Esto nos indica que tenemos que “autosuperarnos“. Por otro lado, si sentimos que alguien esta traspasando nuestros límites sin tenernos en cuenta también nos enfadamos. Esto indica que debemos establecer límites a la otra personaEl enfado nos impulsa a actuar.

Cuando estamos enfadados, se nos suelen tensar los músculos de la mandíbula, sentimos taquicardia, calor, etc.

Alegría

La alegría es una de las emociones básicas “placenteras”. Cuando sentimos alegría, nos sentimos llenos, felices.

La alegría es una emoción que nos indica que algo nos gusta. Nos indica que nos sentimos seguros y que nuestras necesidades básicas están satisfechas de algún modo. La alegría es una señal de que vamos por el buen camino. Nos indica que queremos más de “eso” que nos la produce.

Cuando sentimos alegría notamos apertura en el cuerpo, sensación de plenitud, sonreímos y tenemos los músculos relajados.

Como habrás notado, no he utilizado la palabra “buena” o “mala” para describir las emociones anteriores.

He utilizado, a propósito, las palabras “placentera” y “desagradable”. Esto es porque, a pesar de lo que podamos pensar, no hay emociones ni buenas ni malas.

Hay algunas que nos hacen sentir mejor (placenteras) que otras (desagradables), pero todas son igual de importantes. Todas ellas tienen algo importante que decirnos. Por ello, es fundamental aprender a escucharlas. Debemos dejar de evitarlas y darnos la oportunidad de sentirlas, en la medida de lo posible.

PSICOCODE

Comments

Dejar una respuesta