Los ciudadanos parecen estar vendiéndose por parte. Desmembrados por la crisis recurren al patrimonio que les queda para evitar el naufragio de sus economías. Vehículos, joyas, obras de arte, bicicletas y dólares (si los tienen). Cualquier bien preciado resulta de poca valía ante la urgencia de cubrir las necesidades básicas. Tres economistas discuten el tema para Caraota Digitala la luz de igual número de testimonios que cuentan lo que han hecho para mantenerse en pie… 

“Hasta ahora no me he visto forzado a negociar bienes activos, pero he tenido que vender parte de los dólares ahorrados en los últimos años. Se ha impuesto mi sobrevivencia”, dice Alfredo Espinoza, gerente de una tienda de alimentos de mascotas.

Como muchos en el país, Espinoza utilizó la conversión de dólares a bolívares para honrar con ese monto el pago de su seguro de hospitalización anual. Algo que no estaba contemplado en su relación laboral actual.

El dinero sobrante de la transacción lo dispuso para cancelar otro seguro, el de su vehículo. Antes había vendido los anillos de casado para adquirir por adelantado algunos repuestos del carro de su esposa. De esa forma tomó previsión de futuros consumos.

“Últimamente he tenido que, incluso, cambiar dólares para hacer frente a los gastos cotidianos del mercado de alimentos”, detalla: “Porque el sueldo que recibo como profesional no me alcanza”.

Espinoza cuenta su caso y en su relato está reflejada la situación en la cual se encuentra parte de la economía de Venezuela, un país cuyo sueldo mínimo es de 65 mil bolívares mensuales.

A pesar del aumento reciente del salario básico en Venezuela  –90 dólares– sigue siendo el más bajo en América Latina. Países centroamericanos, por años con economías menos opulentas, exhiben hoy mayor holgura: Honduras ( $341 dólares), El Salvador ($251 dólares) y Nicaragua ($115 dólares), mientras que en el sur, Bolivia también saca ventaja con un pago de 261 dólares al mes para sus trabajadores, según portales informativos como Sputnik.

Para el economista Willians Ruiz las necesidades del venezolano deberían estar estimadas y cubiertas con el funcionamiento ordinario de la economía: “A menos que fueran sucesos extraordinarios que incorporen mayores gastos a las obligaciones normales. Del resto este tipo de comportamientos lo que refleja es que las condiciones operativas de la economía son críticas por lo cual se obliga a las personas a acudir a medidas drásticas para cubrir obligaciones que pudieran terminar en incumplimiento de la deuda”.

Alfredo Espinoza sostiene que su situación “resulta dolorosa” en presente pero también de cara al futuro: “Sé que es prácticamente imposible que vuelva a ahorrar esos dólares con el sueldo que tengo. Es decir, me descapitalicé. Sin embargo, la venta que hice funcionó en cuanto a que resolví. Ahora me preocupa cuando se acabe el dinero en moneda extranjera que me queda. Es lamentable que en un país como el nuestro el dinero que se tenga no sea para inversión sino para pagar deudas”.

Fue hace dos años cuando comenzó a vender sus recursos monetarios. Antes podía hacerle frente a través del sueldo. O solicitando adelanto de prestaciones sociales. O pidiendo financiamiento a la tarjeta de crédito.

“Pero ahora me he visto imposibilitado de resolver mis asuntos ordinarios con los intereses en bolívares que recibo por mi trabajo. Creo que esto está ocurriendo, básicamente, porque la inflación en el país se ha desatado, el aumento de los precios es muy alto y acelerado. Ha quedado extinguido el poder adquisitivo y el bolívar al no valer nada se vuelve ´sal y agua´, la única manera de salir airoso es ganando un salario en moneda dura”.

Menudeo de dólares

“Tengo unos verdines en venta”, escribió Leonardo Hernández en un grupo WhatsApp. El técnico en computación, de la empresa Tecno Data, con sede en Guatire, promovía con su lenguaje específico, una venta de 200 dólares –parte de su patrimonio– para así atender la reparación de su vehículo.

Hernández cuenta que por primera vez se vio obligado a apoyarse en esta opción financiera. “Anteriormente, hace ya algo de años, cualquier venezolano podía responder a sus compromisos sin tocar nada más que sus quincenas, pero las cosas han cambiado. La inflación se está tragando la economía”.

“Resulta muy difícil aislar la economía familiar de la del país, ya que una está influenciada por la otra”, analiza el economista Willians Ruiz.

En la Venezuela de 2017 abundan, de hecho, casos de ciudadanos que, como consecuencia de la inflación, apelan a sus bienes o ahorros en moneda “dura” para cubrir necesidades esenciales.

Las de Leonardo Hernández quedaron parcialmente saldadas. Tras lograr con éxito la transacción acumuló cerca de 900 mil bolívares. A esto sumó un monto de 250 mil bolívares por la venta de la bicicleta con la que, de paso, renunció a su hábito “deportivo” de fin de semana.

“La reparación total del carro  –motor, latonería y pintura– es de 1 millón 600 mil bolívares, de manera que todavía tengo que buscar dinero. En mi caso la reparación resulta más económica porque hago el trabajo con el mecánico”.

Que los habitantes de un país se vean ante el requerimiento de liquidar sus bienes refleja la caída de la capacidad de compra. Al menos así lo estima la economista Anabella Abadi, asesora en soluciones estratégicas de la consultora ODH.

“Un signo de aumento de la pobreza es que las familias deban dirigir una cada vez mayor proporción de sus ingresos o recursos a la compra de alimentos”.

A veces, esos mismos recursos se utilizan para salir al paso a compromisos de algún familiar…

Renunciar a bienes tangibles

Eduardo García, administrador de profesión y ejecutivo de cuadro medio en una entidad bancaria, explica en modo más técnico su situación: “El flujo de caja del venezolano hace insuficiente sostener la carga impositiva generada por los gastos. Además de eso debes pagar impuestos que aun cuando son necesarios tienen un peso importante en la estructura de costos”.

Su caso es también el de aquellos que llegan a consensos familiares para tomar decisión en cuanto a desprenderse o no de activos. García vendió dos camionetas, ambas del año 2010, y así atendió un cuadro de salud de un familiar que estaba fuera del seguro de cobertura. Comenta que el sacrificio valió la pena.

“Hoy lo que ganas debes invertirlo casi todo en la compra de alimentos, pero no puedes olvidarte del cuidado de los inmuebles, estos se van deteriorando y necesitan tratamiento preventivo a fin de evitar el tratamiento correctivo que conllevaría a desembolsos superiores”, agregó.

En otra oportunidad se vio forzado a mercadear una pieza de arte (pintura en gran formato) que había adquirido hace más de 20 años. Con ello, atendió el año escolar, transporte incluido, de sus dos hijos menores.

El economista Willians Ruiz argumenta, a modo de acercarse  a una explicación de casos como el de García, que los compromisos y obligaciones a corto plazo son superiores a la capacidad propia para generar recursos: “Esto significa que la actividad productiva de la economía (el PIB) no está en capacidad de proporcionar recursos para que la economía se mantenga y haga frente a sus obligaciones”.

Se trata de una situación crítica, opina Ruiz, cuando una economía no genera recursos suficientes que posibiliten atender sus compromisos y que, por el contrario, obliga a los ciudadanos a compensar “con la búsqueda de liquidez en quema de activos”.

“A muchos nos afecta la escolaridad de los hijos porque como se sabe los colegios aumentan ahora con más frecuencia durante el transcurso del período”, comenta Eduardo García su caso: “Tienes también la obligación del pago del condominio que, en lo que a mi respecta, representa el monto de un sueldo mínimo básico, salvo que te ajustes a la política de pronto pago que permite bajar la cuota”.

Cuando escucha testimonios como estos, el economista Jesús Casique se adelanta a decir: “Los venezolanos lo que están es surfeando la crisis, vendiendo activos. Hay personas que atraviesan situaciones precarias, que no hacen las tres comidas diarias, sino dos. Es muy difícil. La capacidad de ahorro está diezmada, usted no puede ir contra la inflación, porque las tasas de intereses son negativas, es decir debajo de la inflación y los ahorros quedan evaporados. Quienes tengan un patrimonio dado buscan coberturas, pero eso es imposible para quienes tengan limitaciones patrimoniales”.

Lo que está claro para los especialistas es que los bolívares no permiten resguardar el valor del trabajo. La moneda nacional, asegura la economista Anabella Abadi, pierde diariamente su capacidad de compra: “Por tanto, cualquier bien que posibilite protegernos contra la inflación puede ser considerado como ´preciado´. En este sentido, por ejemplo, las personas prefieren cambiar sus bolívares por otra moneda que no pierda valor, invertir en activos para el hogar o uso personal, o adelantar compras”.

Pero ¿resulta recomendable vender en tiempos como los que vive Venezuela? “Depende”, debate el economista Willians Ruiz: “Si la venta es para transformar recursos domésticos en activos externos, ya sean divisas, oro, inversiones muebles, activos de renta fija o variable, sí. Pero, si la venta es para obtener liquidez en bolívares y mantenerse en efectivo, absolutamente no”.

En eso, justamente, transita la economía del venezolano, evitar su naufragio…

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