A Melania Trump se le puede acusar de muchas cosas, pero no de casarse con Donald Trump por ambición política. Ella contrajo matrimonio con un multimillonario y estrella mediática, impetuoso y deslenguado, no con un político. Aunque los primeros amagos de Trump por asaltar la Casa Blanca se remontan a aquella época -la pareja se conoció en 1998-, siempre se entendieron como una treta publicitaria. El shock que se llevó EE.UU. la noche electoral del 8 de noviembre debió golpear a Melania con especial dureza. Nunca se la vio cómoda en la campaña electoral, donde apenas tuvo protagonismo, y se anticipa una primera dama de perfil bajo. La ausencia de ambición política, sin embargo, no desviste de otros intereses, como los económicos. Y en la Casa Blanca, se vigilan casi más que las políticas.

La primera dama acaba de dar la vuelta a la redacción de una demanda que presentó contra el «Daily Mail» por las insinuaciones de que la Casa Blanca sería para ella un trampolín hacia la fortuna financiera. A finales de agosto del año pasado, cuando la carrera electoral entraba en su recta final, el tabloide británico publicó un artículo en el que recogía alegaciones de que Melania había trabajado en agencias de modelos en Milán y Nueva York que en realidad eran un «club de caballeros» o «una agencia de acompañantes», lo que insinuaba que la entonces mujer del candidato había ejercido la prostitución. Melania inició una batalla legal contra el periódico, que pocos días después, publicaba un artículo donde se retractaba de esas insinuaciones y aseguraba que su única intención era explicar cómo esas alegaciones podrían tener un impacto en las opciones electorales de Trump.

Eso no fue suficiente para Melania, que volvió a la carga en busca de una indemnización económica. El pasado 6 de febrero, presentó una demanda en los juzgados de Nueva York contra el medio británico en la que exigía una compensación de 150 millones de dólares por los perjuicios. Explicaba que, por culpa de esas difamaciones, la «marca» de la demandante había perdido mucho valor y que «grandes oportunidades de negocio se perdieron o resultaron muy dañadas».

En su escrito, Melania decía tener «una oportunidad que ocurre una vez en la vida, única», de presentar «una marca comercial de diferentes productos» que le hubieran procurado muchos millones de dólares durante «un periodo de varios años en los que será una de las mujeres más fotografiadas del mundo». El listado de productos incluía ropa, zapatos, joyería, cosméticos o perfumes. Aquel día, Melania llevaba poco más de dos semanas como primera dama. Muchos vieron en esa explicación un reconocimiento de la utilización flagrante de su posición en la Casa Blanca para hacer negocio.

Su abogado, Charles Harder, negó con rotundidad cualquier deseo de la la esposa del presidente de utilizar la Casa Blanca como un plataforma para crear una fortuna. «La primera dama no tiene la intención de usar su posición en su beneficio y no lo hará», aseguró Harder. «Cualquier declaración en sentido contrario se está malinterpretando».

Perjuicio emocional

Pero alguna duda debía haber, porque Melania ha vuelto a presentar la misma demanda, aunque con su redacción corregida. Ahora ya no hay tanto una oportunidad de negocio perdida, y más un perjuicio emocional: «Las afirmaciones falsas y difamatorias han causado un gran perjuicio a su reputación personal y profesional y a posibles oportunidades económicas, así como una gran humillación y sufrimiento emocional».

Melania también había demandado al bloguero Webster Tarpley, por acusaciones similares a las del «Daily Mail». El asunto se cerró con una retractación de Tarpley y el pago de una suma de dinero no revelada.

ABC.ES

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