Los vecinos de Ivanka Trump y su marido, Jared Kushner, les entregaron una carta escrita a mano dándoles la bienvenida al área Kalorama, en Washington, donde se trasladaron con sus tres hijos. A pesar de que la hija del presidente no contestó a la nota, no se ofendieron y comprendieron que la agitada vida social de Ivanka y su familia les ocupaban la mayor parte de su tiempo.

Pero tanto Friedman, una abogada que vive en la casa contigua, como el resto de vecinos empezaron a sentirse incómodos cuando aparecieron unas señales en su calle que impedían el estacionamiento de vehículos, para reservar gran parte de la avenida a los inmensos coches del servicio secreto y de seguridad de la familia del presidente.

Su exasperación alcanzó la cima cuando añadieron dos señales adicionadas no solo en torno a la casa de Trump, sino también en sus inmediaciones. Tras una serie de negociaciones entre el Alcalde y el Servicio Secreto, se retiraron las señales para que cualquier persona pudiese aparcar su coche en los alrededores de la mansión. Marti Robinson, un abogado que vive en la zona, asegura que a veces hay «una decena de coches» cerca de la casa de Ivanka, lo que dificulta mucho el aparcamiento al resto de vecinos, además de «arruinar el disfrute pacífico de la zona», según escribe el diario estadounidense The Washington Post.

El portavoz de los servicios secretos se ha disculpado y ha explicado que el organismo se esfuerza en «minimizar los trastornos» en la vida de los locales y, al mismo tiempo, «mantener el nivel alto de seguridad de las personas que nos han encargado proteger», puesto que en el barrio además de la primera hija, también vive el expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, junto a su familia, y el Secretario de Estado, Rex Tillerson.

ABC.ES

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