La exmedallista olímpica y miembro del clan Kardashian quiere aprovechar su fama para lavar la imagen del partido de Trump y, de paso, apoyar la causa LGTBI en su país.

En las elecciones generales de 2015, Carmen Lomana dio la sorpresa anunciando su candidatura independiente al Senado, con la firme intención de llegar para dinamitarlo desde dentro. Lo hacía ingresando en las listas de Vox, pero no quiso repetir experiencia cuando se repitieron las elecciones ya en 2016, dejando atrás sus pretensiones políticas. Ahora, ese mismo sueño es el que persigue Caitlyn Jenner, que desea presentarse como candidata por el partido republicano de Trump, asegurando que con ello se lograría una favorable limpieza de imagen del partido y así poder luchar por los derechos de la comunidad LGTBI desde la cúpula del poder.

Controvertido fue su apoyo a las políticas de Donald Trump antes de que el magnate accediese a la presidencia de los Estados Unidos, como también lo está siendo su pretensión de acceder al Senado bajo la tutela del empresario. Caitlyn está convencida de que su apoyo mejorará la visión que el pueblo tiene del partido y, de paso, también ayudar al colectivo transexual a encontrar un equilibrio en su derechos en comparación con la del resto de la sociedad. Pese a su propuesta, desde el partido republicano no se han puesto en contacto con ella para agilizar este proceso, por lo que ha decidido presentarse al Senado como representante del Estado de California: “Me gusta la política, En los últimos seis meses lo he estado contemplando. Ahora solo debo encontrar dónde podría ayudar más”, aseguraba en el programa ‘AM970’ de Nueva York.

“La percepción del partido republicano es que son solamente hombres blancos y ricos tratando de hacer dinero. Yo apostaría por la próxima generación, para que haya un cambio de percepción hacia el partido y ese cambio debe ocurrir desde la equidad”, defiende la exatleta olímpica, más popular en la actualidad por su filiación al clan Kardashian que por sus triunfos en el mundo del atletismo. Sin embargo, a ella no le importa de dónde venga su fama, si esta puede ayudarla a cambiar algunas negativas, como la de aceptar el matrimonio homosexual o el acceso a los baños públicos de personas transexuales, como no pueden hacer actualmente niños en sus escuelas.

¿Lo conseguirá? ¿Luchará hasta el final por los derechos de la comunidad LGTBI llegando incluso al Senado? ¿Se quedará a medio camino como Lomana? Tan solo el tiempo y unas elecciones resolverán estas dudas.

ELMEREY

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