Estas son las llamadas "Perreras" en Venezuela

En el país, el déficit de transporte público alcanza 80 %.

Organizaciones de transportistas calculan que las “perreras” mueven entre 40 % y 50 % de los pasajeros en el interior del país, donde el déficit de unidades es más acentuado. Estiman que en general cerca del 80 % de la flota esté paralizada por falta de aceite, baterías y cauchos.

Para marzo de 2018, unas 12.000 unidades de transporte público estaban activas de las 70.000 que había en el mismo período de 2017 en el territorio nacional, según el monitoreo de servicios del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad (Cedice Libertad), publicado hace dos meses.

Hugo Ocando, presidente de 40 líneas en el bloque oeste de Caracas, dice que hay una inmensa mayoría de conductores que está parado por problemas más graves: fallas en la caja, el motor y la transmisión, cuya reparación asciende a la exorbitante suma de mil millones de bolívares: “Un monto que es impagable teniendo en cuenta que en Caracas, por ejemplo, el pasaje tiene un valor de 2.000 bolívares”, sostiene.

Las perreras representan un retroceso de 60 años, cuando en las ciudades había pocas unidades para movilizar al venezolano de pie. Por lo menos así lo recuerda Juan Marchán, un pensionado de 68 años mientras leía un periódico en la plaza Bolívar de Maturín. Para ir a la escuela, Juan subía a camioneticas que tenían techos, que lo protegían del sol y de los aguaceros repentinos propios de la ciudad.

“Ahora ni siquiera eso, la gente va atrás como si fueran animales, como cochinos pues. Eso es algo que no se vio en mi época, aquí falta voluntad política para arreglar muchas cosas”, reflexiona mientras dobla el tabloide.

Ocando, por su parte, habla de que Venezuela dio un salto a los años 70. De hecho afirma que el parque más antiguo de Latinoamérica está en el país. Hay transportistas que desde el 2010, quizá mucho antes, no pueden cambiar unidades.

En Caracas, por ejemplo, existen carros de los años 67 y 69, altamente contaminantes, que circulan libremente violando la Ley de Transporte Terrestre, que obliga a los choferes a cambiar los vehículos cada cinco o diez años, dependiendo del lugar donde se encuentre.

“Me da tristeza ver a un usuario montado en una perrera porque yo también soy pasajero y mi familia también lo es”, se expresa en referencia a la nueva forma de trasladar a los usuarios. En la capital se comenzaron a ver con más frecuencia cuando se acrecentó la crisis y las fallas en el sistema subterráneo fueron más constantes.

Ocando menciona que en la ruta Caracas – El Junquito se observan a cada rato. El gobierno de Erika Farías puso a trabajar los camiones en los que se recolecta la basura para trasladar pasajeros y, además, “de forma gratuita”.

Para Eneida, la mujer que casi se lesiona en una perrera, no hay palabras que justifique la forma en cómo se está moviendo por la ciudad. A veces camina tres kilómetros para llegar a un lugar, son contados los días en los que sube a un autobús por un costo de 5.000 bolívares, 3.000 bolívares más de la tarifa permitida.

 Información: El Pitazo

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