El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconoció oficialmente a Jerusalén como la capital de Israel, una decisión que se contrapone a décadas de diplomacia estadounidense e internacional, y que amenaza con una escalada de violencia en Medio Oriente.

“Israel es una nación soberana con el derecho, como cualquier otra nación soberana, de determinar cuál es su propia capital”, dijo el mandatario y aseguró que esa decisión es una condición necesaria para alcanzar la paz.

Trump reivindicó un nuevo enfoque para el conflicto israelí-palestino y dijo que estaba dispuesto a apoyar una solución de dos Estados si ambas partes la acuerdan: “La paz nunca está más allá de aquellos dispuestos a alcanzarla”.

Comenzó por ordenar el proceso de traslado de la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén. La obra llevará tres o cuatro años, porque es necesario construir un edificio lo suficientemente grande y seguro para acoger a las 1.000 personas que trabajarán en la legación norteamericana.

Estados Unidos se convierte así en el único país del mundo que reconoce a Jerusalén como capital de Israel. Ninguna nación tiene su embajada en esa ciudad porque, tras la anexión israelí de la parte oriental de la urbe, de facto, tras la guerra de 1967, y por ley de Israel en 1980, la ONU llamó a la comunidad internacional a retirar sus legaciones de la Ciudad Santa.

Los palestinos reclaman Jerusalén Este como capital de su futuro Estado.

La ciudad, centro de la disputa entre palestinos e israelíes, es sagrada para cristianos, judíos y musulmanes.

Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, calificó la decisión como valiente y justa. Pero para los palestinos, Estados Unidos dejó de ser un mediador en la construcción de la paz y destruyó la posibilidad de una solución de dos Estados.

La ONU, a su vez, consideró que el estatus de Jerusalén debe ser decidido por una negociación directa entre israelíes y palestinos.

En la comunidad internacional, la Unión Europea, Turquía, Jordania, Francia y Reino Unido ya han rechazado la decisión.

EL NACIONAL

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