La cuenta atrás para la Conferencia Internacional de Paz de París está marcada por la guerra dialéctica por parte de los dirigentes del Estado judío que la consideran «amañada, manipulada por los palestinos con el auspicio francés para adoptar posiciones más anti-israelíes», según el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

La iniciativa francesa «aleja la paz», en opinión de un dirigente que aseguró que Israel no se sentirá vinculado con las decisiones o resoluciones que de allí salgan este domingo. La número dos de Exteriores, Tzipi Hotovely, la comparó con «una boda sin novio, ni novia» debido a la ausencia de representantes israelíes y palestinos e insistió en que «la paz solo puede llegar por medio de una negociación directa, no por la coacción externa».

Este diálogo directo está congelado desde 2014 por la negativa del Gobierno israelí a detener la expansión de las colonias judías en territorio palestino. La comunidad internacional considera los asentamientos «contrarios al derecho internacional» y «un obstáculo para la paz» y el pasado 23 de diciembre el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas los declaró ilegales e instó a Netanyahu a frenarlos.

Tras el primer encuentro de junio para tratar de resucitar la solución de los dos estados, el presidente Françoise Hollande, volverá a reunir en París a 70 delegaciones internacionales, entre las que, a diferencia de lo ocurrido en verano, sí estará el secretario de Estado estadounidense, John Kerry. A falta de una semana para que la Casa Blanca reciba a su nuevo inquilino, Donald Trump, la administración de Barack Obama concluye su mandato con la abstención en la ONU, que permitió la aprobación de la resolución contras los asentamientos, y el apoyo al proceso de París.

A comienzos de semana el diario israelí Haaretz publicó el borrador del texto que se presentará el domingo, en el que se pedirá a Netanyahu y al presidente palestino, Mahmud Abás, apartar de sus gobiernos a aquellos ministros y altos cargos que se opongan a la solución de los dos estados. Los países reunidos, además, se mantendrán firmes en el no reconocimiento de cambios en las fronteras establecidas de 1967, incluida Jerusalén, a no ser que estos sean consensuados por las dos partes.

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