Recientemente, miembros de los servicios de inteligencia estadounidenses que se reúnen regularmente con sus homólogos israelíes advirtieron a estos del peligro de que en la era de Donald Trump continúen enviando a la Casa Blanca y al consejero de Seguridad Nacional información altamente secreta. Según uno de los medios de comunicación más influyentes de Israel, el rotativo Yediot Ahronot, los servicios secretos estadounidenses temen que, ante las relaciones sospechosas de Trump con el presidente ruso, Vladímir Putin, secretos israelíes enviados a EE.UU. caigan en manos del Kremlin y pasen al enemigo número uno de Israel: Irán.

Probablemente, el primer ministro israelí, Beniamin Netanyahu, es el aliado internacional más próximo al presidente electo, y públicamente no esconde su alegría por la victoria del magnate en las pasadas elecciones y, sobre todo, por el final de la era Obama. Sin embargo, en reuniones a puerta cerrada entre los servicios de inteligencia de ambos países se expresa la preocupación de que el llamado striptease de inteligencia aplicado en los últimos 15 años –una colaboración sin precedentes iniciada por George Bush hijo y Ehud Olmert– aporte valiosa información a Moscú y, de ahí, a agentes del espionaje iraní.

Ronen Bergman, experto en espionaje que escribe en el Yediot Ahronot y The New York Times, cita a varios israelíes del Mosad y de Aman –los servicios de inteligencia militar– que participaron en reuniones con los estadounidenses. Estos revelaron que la NSA, la Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU., dispone de información totalmente fiable de que fueron los servicios rusos, el FSB y el GRU, los que hackearon los ordenadores de los demócratas en las elecciones, y que filtraron información a Wikileaks que perjudicó a Hillary Clinton.

Los estadounidenses revelaron también que creen que Putin dispone de “medios de presión” sobre Trump, sin dar pormenores. Los israelíes que participaron en la reunión declararon que hasta que se aclare que Trump no mantiene ninguna relación ilícita con Rusia ni corre riesgo de chantaje, los estadounidenses recomendaron que no se revelaran fuentes sensibles. Fundamentalmente, sobre asuntos relacionados con la guerra quirúrgica que ambos servicios de inteligencia han llevado a cabo en Irán en los últimos años para impedir que el Gobierno de los ayatolás logre la bomba atómica.

En Israel dicen que si se filtran secretos de sus servicios de espionaje y los de sus aliados en Washington, supondría un grave peligro para su seguridad. En el 2013, cuando empezaron los contactos secretos entre la Administración Obama y Teherán sobre la cuestión nuclear, el presidente saliente ordenó detener los ataques contra el régimen iraní. Ahora, los analistas israelíes creen que el gran objetivo de Putin es crear una dependencia hacia Moscú por parte de Irán, y no sólo del presidente sirio, Bashar el Asad. Su objetivo es, creen, convertirse en la gran potencia de la región.

El diario israelí cuenta que el chantaje de las sábanas siempre fue un sistema utilizado por los rusos, desde la época soviética. En enero de 1979, el líder palestino Yasir Arafat visitó a Nicolae Ceausescu y se instaló en su residencia oficial. El jefe de los servicios de inteligencia rumanos, el general Yon Mijai Pachpa, publicó que los rumanos instalaron cámaras en la habitación de Arafat y le filmaron “manteniendo relaciones amorosas con su guardaespaldas. Ambos gritaban muy fuerte”, contó.

Aunque no se sabe si ese vídeo fue utilizado para chantajearle, el general rumano escribió en su libro que “era un sistema de inteligencia utilizado en los países comunistas”. Yediot Ahronot se pregunta: “¿Será este el sistema usado contra el presidente Trump?”.

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