Fotografía Archivo

Bomberos, soldados y policías se abren paso entre los techos de decenas de casas arrasadas por el deslave de lodo y ceniza ardiente que el domingo provocó el pánico en la pequeña comunidad de San Miguel Los Lotes, en la ciudad de Escuintla, 35 km al sur de la capital.

La villa y otras comunidades vecinas que estaban acostumbradas a la constante furia del coloso, y que también resultaron afectadas, cuentan hasta al momento más de 60 muertos, aunque la cifra podría aumentar ante los reportes de varias personas que dicen tener familiares desaparecidos.

Mientras la búsqueda continuaba en las zonas devastadas, en la plaza del pueblo indígena contiguo de San Juan Alotenango siete féretros de cuatro menores y tres adultos eran velados con un crucifijo y altares de flores.

“Aunque nos duela aceptarlo, es la voluntad de Dios”, dijo a la AFP, Ana Celada, tía de las niñas Jenifer y Mildred Morales de 3 y 6 años que murieron en la aldea El Porvenir. Por recomendación de autoridades sanitarias, las víctimas serán sepultadas en las próximas horas en el cementerio local.

En Los Lotes, Eufemia García, de 48 años, rompe en llanto al enumerar a una decena de miembros de su familia, entre ellos sus tres hijos, que quedaron atrapados al momento que el deslave tomó por sorpresa el caserío.

“Yo quería regresar por ellos, yo quería regresar”, repite la afligida mujer de 48 años frente a una ambulancia.

A pesar de la insistencia de los socorristas por encontrar indicios de vida, los esfuerzos parecen en vano ante la magnitud del desastre; al menos tres cuerpos calcinados estaban dispersos en un callejón y el patio de una vivienda, observó un periodista de AFP.

Por indicios de otros deslaves en la ladera del volcán las tareas son suspendidas momentáneamente y todos en el epicentro del desastre debían evacuar a un lugar seguro.

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