Con racionalidad de un matemático y contención japonesa, a Alberto Fujimori no le tembló la mano durante su mandato para acabar con las guerrillas en Perú. Pero esa celebrada “victoria” también lo llevó a la cárcel, a la que ahora debe volver por decisión judicial.

Indultado en la víspera de Navidad de 2017 por el entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski alegando razones humanitarias, el exmandatario Fujimori (1990-2000) volvió este miércoles al primer plano tras permanecer diez meses en libertad, luego que la Corte Suprema anulara el beneficio otorgado alegando irregularidades, informó AFP.

Este hijo de inmigrantes japoneses sigue marcando la pauta política en Perú tras pasar más de 12 años preso por crímenes de lesa humanidad cometidos en las matanzas de Barrios Altos (15 muertos, incluido un niño de 8 años) y de la universidad La Cantuta (10 muertos).

“Que la historia juzgue mis aciertos y mis errores”, escribió el expresidente con motivo de cumplir 80 años el 28 de julio pasado, en un manuscrito de tono crepuscular, en el cual expresó además la convicción de haber sentado las bases de un país que terminará siendo “líder en América Latina”.

“En los contados años que me quedan me dedicaré a tres objetivos: unir a mi familia, mejorar en lo que pueda mi salud y hacer un balance equilibrado y sereno de mi vida. Esos son mis tres principales metas al cumplir mi octava década de existencia”, escribió.

Fujimori pasó los últimos 10 meses de de manera austera, retirado de la vida pública, viviendo solo en una casa alquilada del barrio acomodado de La Molina, al este de Lima, donde escribía las memorias sobre su gobierno, marcado por la corrupción y el plomo de la lucha contra las guerrillas y el terrorismo.

Fuente: El Universal

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