Los bolívares son utilizados para confeccionar bolsos y carteras para mujeres. EFE

Mientras muchos venezolanos pasan el puente Simón Bolívar para irse al interior del país en busca de nuevas oportunidades, otros se la rebuscan en La Parada (Villa del Rosario) vendiendo alimentos, zapatos y materos, entre otros productos.

El bullicio de los vendedores, el humo de las comidas rápidas, el ‘maneo’ del agua, los cigarrillos y el pan, no son impedimento para ver a la venezolana María Herrera sentada en una silla plástica azul, doblando bolívares. Con extrema paciencia, retuerce una y otra vez la cara del libertador Simón Bolívar, para ir formando una atractiva artesanía: un bolso.

Así como lo leen, ¡un bolso hecho con bolívares! Para lograr su obra de arte utiliza 580 billetes de 100 bolívares, sí, 58.000 bolívares fuertes, una suma que hoy, en la tierra del Libertador, no sirve para gran cosa.

En Colombia, al cambio, son $6.500 pesos. María, por cada bolso, pide 15.000 pesos colombianos.

“Esos bolívares no valen nada. Vi cómo una persona empezó a hacer los bolsos con los billetes, y aprendí”, contó la mujer, recalcando que “lo que estamos haciendo, en mi país, es un delito”.
A su lado, Carlos Pérez, también concentrado, hace una tira tejida con bolívares para luego darles forma de cartera. “Con los bolívares que usamos en los bolsos no compramos en Venezuela ni medio kilo de papa”, aseguró Pérez sin dejar de doblar los billetes.

Lo que María y Carlos hacen a diario en el paso fronterizo es una prueba más de la desvalorización de la moneda venezolana. Algunas personas procedentes del vecino país, incluso, han optado por romper los billetes apenas llegan a suelo colombiano o dárselos a los niños para que jueguen con ellos.

Esta nueva alternativa de trabajo les ha permitido “sobrevivir”, pues algunos días venden hasta 4 bolsos; a veces los hacen con billetes de 100, pero otras utilizan de 50, 20 y 10. “Todo depende de los que tengamos a la mano”, señala María.

Como ellos, cada vez son más los venezolanos que han optado por hacer de sus bolívares un producto comercial que supere, en pesos, el valor que estos tendrían en Venezuela. “Esos bolívares no sirven para nada; les estamos dando un uso para poder comer algo y mandarles a nuestras familias que están en Venezuela”, aseguró María, quien trabajaba en una panadería en su país, antes de que llegara la ‘mala racha’.

La Opinión

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