“Hay conflictos a las puertas de Europa. Y la época en la que podíamos confiar en EE UU se acabó”. La canciller alemana, Angela Merkel, embistió este jueves en Aquisgrán con inusitada dureza contra el presidente estadounidense, Donald Trump, y su decisión de retirarse del acuerdo nuclear con Irán, que convierte Oriente Próximo en un avispero. El francés Emmanuel Macron secundó esa airada reacción: “Algunas potencias han decidido incumplir su palabra: estamos ante grandes amenazas y Europa tiene el deber de mantener la paz y la estabilidad en la región”.

Tercera ley de Newton: a toda acción se opone siempre una reacción igual. Europa reacciona a su manera a la retirada de EE UU del acuerdo nuclear con Irán, que deja a las empresas del continente expuestas a sanciones, ha provocado una escalada de los precios del petróleo y a lo peor azuza aún más el avispero de Oriente Próximo. La UE lleva unos días con sus baterías diplomáticas destinadas a minimizar el impacto de esa afrenta. Pero Alemania y Francia elevaron este jueves el tono de la escalada de declaraciones: “Europa ya no puede confiar en EE UU y debe tomar su destino en sus propias manos”, dijo la canciller Merkel en la entrega del premio Carlomagno a Macron. “No podemos dejar que otros [en referencia a Washington] decidan por nosotros”, subrayó el presidente francés.

La UE está a la espera de que Washington ofrezca alguna salida al acuerdo con Irán que evite males mayores, como hizo en su día tras torpedear el pacto comercial con Canadá y México. Pero está claro que la luna de miel entre EE UU y Europa, que ha durado 70 años, toca a su fin. Trump ya hizo públicas sus intenciones en campaña, pero los analistas esperaban que todo quedara en andanadas populistas contra la Unión para ganar las elecciones. Craso error: el crescendo desde su llegada al Despacho Oval es espectacular. Trump dinamitó el acuerdo del clima de París, declaró obsoleta la OTAN, empezó hace unas semanas con las amenazas proteccionistas y da ahora la puntilla con la ruptura del acuerdo con Irán, que supone un bofetón para los intereses europeos y sobre todo un mazazo para la geopolítica y la seguridad global.

A pesar de las sucesivas visitas de Merkel, Macron y otros líderes, Trump ha acabado cumpliendo sus amenazas en Irán, en una decisión que recuerda a los capítulos previos a la guerra de Irak, hace ya 15 años. La diferencia es que esta vez Washington no busca complicidades en Europa: tanto Merkel como Macron dejaron claro en Aquisgrán que su sintonía con Trump es nula en este asunto, y que Europa debe apuntalar a toda prisa su política exterior ante la constatación de que su histórico aliado ha dejado de serlo. Berlín y París pidieron este jueves contención a Israel e Irán para evitar una escalada en la región. “Sabemos que es un situación extremadamente complicada”, dijo Merkel; “se trata verdaderamente de decidir entre la guerra y la paz”, añadió.

Macron hizo un llamamiento a fortalecer la política exterior y de defensa comunes, pese a las históricas reticencias de Berlín en esos asuntos. “Elegimos construir la paz en Oriente Próximo: Otras potencias [en referencia a EE UU] no han mantenido su palabra”, apuntó, consciente de que Europa desempeña un papel muy secundario en Siria.

El corolario está muy claro: Europa ya no puede confiar en Trump. “En su lugar, la UE debe hacerse con su propio destino, esa es la tarea para el futuro”, según la canciller. La realidad y el deseo: Merkel asegura que Alemania debe hacer más, pero acaba de anunciar una congelación de su presupuesto en defensa para los próximos cinco años, muy lejos de las cifras que reclama Estados Unidos. Berlín ha afirmado en las últimas 48 horas que va a jugar un papel protagonista para lograr una solución pacífica en Siria, pero eso es lo contrario de lo que ha hecho en el último lustro. Dicen los analistas que el Brexit ha servido para unir a la UE: puede que el desafío que supone Trump y las bocanadas que parece estar dando el multilateralismo convenzan a Alemania de que Europa, más allá del euro y del mercado común, necesita urdentemente una política exterior digna de ese nombre.

El País

 

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