(FILES) This file photo taken on January 31, 2017 shows Venezuelan President Nicolas Maduro (R) and his vice-president Tareck El Aissami participating in a rally with workers of PDVSA state-owned oil company in Carcas. A committee of Venezuelan creditors postponed until November 13, 2017 a decision on whether state oil company PDVSA has officially defaulted on its debt payments.The default declaration has come to be seen as almost inevitable as cash-strapped Venezuela's is struggling to service an estimated $150 billion in debt. The government of President Nicolas Maduro has called creditors to a meeting Monday to discuss restructuring the payments. / AFP PHOTO / JUAN BARRETO

Es difícil seguir el rastro de quienes han estado a la cabeza de la Oficina Nacional del Tesoro durante los últimos 17 años. Es tanto o más espinoso que llevar la cuenta de los escándalos de corrupción que han rodeado a quienes ostentaron el cargo de Tesorero Nacional. Miles de millones de dólares se han “perdido” en el camino –o en sus bolsillos: al menos cinco funcionarios, de los últimos seis, que han sido tesoreros de la República han estado vinculados con empresas, bienes o cuentas bancarias en paraísos fiscales. La revolución premia a quien le sirve con uniforme verde oliva y a sus familias.

Administrar las arcas públicas es un asunto de cuidado, aunque no parece requerir de mucha atención. La dirección de la Oficina Nacional del Tesoro muchas veces se comparte con otras ocupaciones. La almiranta Carmen Meléndez, por ejemplo, fue directora del Fonden al mismo tiempo que ocupaba esta cartera. Alejandro Andrade, quien la sustituyó, era tesorero y presidente del Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela; y Carlos Erik Malpica Flores –sobrino de la “primera combatiente”– además de manejar el presupuesto nacional también estaba a cargo de créditos adicionales y de inauditables fondos financieros creados por el gobierno para asignar recursos a su antojo, sin la aprobación del Banco Central o de la Asamblea Nacional.

Desde 2003 hubo una tendencia a militarizar el presupuesto nacional. En agosto de ese año Hugo Chávez designó a Meléndez –ahora gobernadora del estado Lara–, quien ocupó el cargo hasta enero de 2007. Entonces le sucedió Alejandro José Andrade, un militar retirado, que acompañó al “comandante supremo” en el intento de golpe de estado de 1992 y de quien es bien sabido su gusto por la equitación. Se quedó en la Oficina Nacional del Tesoro hasta el 7 de enero de 2011, cuando fue nombrado Rodolfo Marco Torres, graduado en la Academia Militar en 1988 y también golpista en 1992. No obstante, el paso por la Tesorería de este general de división fue breve. El 17 de mayo de 2011 recibió el cargo Claudia Patricia Díaz Guillén, oficial asimilada de la Guardia Nacional Bolivariana mejor conocida como la “enfermera de Chávez”.

La presidencia de Nicolás Maduro hizo que un civil asumiera el puesto. El 30 de septiembre de 2013 designó a Malpica Flores. Ocupó esa silla hasta enero de 2016; tan solo un mes después de la detención de sus primos Franqui Francisco Flores de Freitas y Efraín Campo Flores –también sobrinos de la pareja presidencial–, se le asignó entonces a Nelson Reinaldo Lepaje la responsabilidad de “dirigir y coordinar la cabal, oportuna, eficiente y segura atención de las operaciones relativas a la percepción y registro de todos los ingresos públicos nacionales, la custodia de fondos y valores, la planificación y programación financiera, ordenación de mandatos de pagos así como participar en los acuerdos de la política fiscal monetaria y financiera” de la nación, según se lee en la página web de la institución.

Comienzan los escándalos

Un dedo acusador les ha señalado a cinco de ellos, aunque no precisamente el de la justicia. Carmen Meléndez tiene un amplio currículum en la administración pública. Tanto que inauguró el Ministerio para el Seguimiento de la Gestión de Gobierno, creado por Chávez en 2012. Pero la primera mujer en tener el rango de almirante en la Fuerza Armada Nacional no puede supervisarse a sí misma. El 5 de julio de 2013, Nicolás Maduro en su primer acto de ascensos militares como Presidente la nombra ministra de Defensa –la primera y única mujer en ocupar ese cargo en el país. Dos días después, el 7 de julio, Orlando Ochoa, economista y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello, invitaba a revisar su gestión como Tesorera. “Como Tesorera Nacional con Merentes, en 2006, Meléndez vendió a banqueros más de nueve mil millones de dólares en bonos y notas estructuradas, a tasa oficial”, denunciaba en su cuenta de Twitter. Aseguraba que ese episodio dejó ganancias históricas con la compra de bonos que luego eran revendidos en el mercado paralelo y recomendaba revisar la gestión no solo de Meléndez, también la de Jesús Bermúdez y Alejandro Andrade en la Oficina del Tesoro.

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