En agosto de 2015, el selfie que un joven refugiado sirio se hizo junto a la canciller Angela Merkel se convirtió en el icono de la política de acogida de Alemania. Dos años más tarde, ese mismo joven, Anas Modamani, de 19, es el primer refugiado en llevar a Facebook a los tribunales por la publicación de varias noticias falsas en la red social en las que se le acusa de terrorismo.

“Este tipo de falsas noticias intentan fomentar el odio hacia los refugiados que vinimos en busca de paz y seguridad. Además, difaman las políticas de acogida de Merkel”, dice al teléfono Modamani desde la capital alemana donde reside. En al menos 50 ocasiones, asegura el joven, usuarios con perfiles anónimos han difundido su imagen relacionándole con atentados terroristas perpetrados en Europa. La más reciente le responsabiliza de la brutal agresión sufrida por un vagabundo a manos de unos solicitantes de asilo. “Facebook es la plataforma más importante de entre las diferentes redes sociales y es su responsabilidad retirar las falsas noticias que difaman e incitan al odio”.

Modamani fue increpado en cuatro ocasiones por la calle tras la difusión de dichas difamaciones. “¡Regresa a tu país! ¿Te acogemos y tú traes la guerra a nuestro suelo?”. El joven asegura que logró explicar a los viandantes la falsedad de las informaciones y que estos acabaron disculpándose. “Soy buena persona, trabajador y estoy agradecido de poder vivir en un país en paz. Es justo que luche por defender la verdadera imagen de los refugiados”.

Las redes sociales se han convertido en el canal predilecto para compartir informaciones e imágenes de forma inmediata, sin tapujos, filtros o árbitro que compruebe la veracidad de los hechos publicados. En el caso de Modamani un simple click lanzó una imagen, dos mensajes. En una versión pone cara a la política de acogida de refugiados en Alemania. En la segunda es la cara del terror importado a Europa. Facebook ha desarrollado un imperio cibernético en el que interactúan 1.860 millones de usuarios. Lo que equivale a prácticamente un tercio del planeta. Alemania es uno de los países con mayor ratio de usuarios estimados en 25 millones mensuales, un tercio de la población nacional.

Modamani, que estudia alemán y trabaja como cajero en un restaurante de comida rápida, tanteó a su alrededor las posibilidades de llevar su caso a los tribunales. Fue irónicamente a través de Facebook como se procuró un abogado. El letrado Chan-Jo Jun aceptó representarle y el pasado lunes atendieron el primer juicio. La defensa de Facebook aseguró haber retirado varias imágenes a petición del ofendido pero reiteró que la responsabilidad legal de los contenidos recae sobre los usuarios y no sobre su empresa. “En pleno juicio mi abogado abrió su ordenador y les mostró esas mismas imágenes aun disponibles en Facebook. La ley dice que tienen 24 horas para retirarlas, pero como soy un simple refugiado no les importó”, dice Modamani.

“Las falsas noticias sobre la guerra en Siria han deformado la percepción del conflicto en el mundo. Ahora las falsas noticias intentan convertir a los refugiados que llegamos a Europa en terroristas. La desinformación deliberada afecta a las vidas de gente inocente ”. Este simple refugiado huyó en el verano de 2015 de Daraya, localidad periférica de Damasco. Cruzó a Líbano y de ahí a Turquía. Atravesó en patera el Mediterráneo hasta tocar las costas griegas y tardó mes y medio en cruzar todas y cada una de las fronteras de los países que le separaban de Alemania. “Hice el camino solo, sin familia y sin amigos. Fue muy duro, pero mereció la pena”.

Está dispuesto a lanzarse a este nuevo periplo e invertir el tiempo necesario para desmontar un mensaje que un puñado de usuarios tardó escasos segundos en propagar. Su determinación ha reabierto el debate sobre los derechos individuales en la esfera digital y cuestionado la cadena de responsabilidades. Una cuestión para la que la ley no tiene aun respuesta. El próximo 7 de marzo, Anas Modamani acudirá de nuevo a los juzgados para limpiar su imagen y con ella la del resto de refugiados.

ELPAIS.COM

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