“Por salvar una vida no importa lo que uno deje en el camino” así describe Guillermo Garroz, coordinador de la Organización de Rescate Humboldt el compromiso que tienen los  rescatistas voluntarios por servir a la sociedad.

La demostración de ello se vivió hace diez días, cuando José Camacho, Daniel Todd y Alfredo Autiero, tres voluntarios de Rescate Humboldt, que formaban parte de una operación de búsqueda, encontraron a Emmanuel David Janzen (15) y Kaina Machado (14), adolescentes que llevaban seis días desaparecido en El Ávila.

Para José Camacho sus más de 30 años al servicio de la población se vieron reflejados en  el hallazgo de los muchachos. Él es administrador de empresas, tiene dos hijos y cuando se enteró de la desaparición no lo pensó dos veces para internarse en la montaña. Desarrolló un plan de búsqueda junto a sus compañeros y subieron el cerro. “Si el entrenamiento de toda una vida  sirve para salvar a alguien, eso ya es suficiente”, dijo emocionado.

El instinto y la experiencia le había asomado la posibilidad de que los jóvenes estuvieran en la ribera de la quebrada Las Adjuntas. El camino era difícil pero ellos asumieron el reto. El comandante de la operación los autorizó porque sabía que estaban capacitados para  tener éxito en el plan trazado.

Tuvieron que bajar en rapel por varias cascadas, una de 50 metros y otra de 15. Ya era de noche pero eso no aminoró sus ganas de encontrarlos.

La oscuridad, el método de descenso y la caída de agua obligaron a los rescatistas a gritarse entre ellos para poder comunicarse. Las voces fueron escuchadas por los adolescentes, quienes de inmediato pidieron auxilio con todas sus fuerzas.

Uno de los rescatistas escuchó una voz diferente a la de los tres. Hicieron silencio por un momento y sonaron sus silbatos. Volvieron a escuchar las voces, parecían ser los jóvenes pero no se podían confiar.

“Nunca sabes qué te puedes encontrar en El Ávila, mucha gente sube con otros fines y debemos manejar la situación con cautela”, dijo Camacho.

Bajaron y notaron un joven con las características de Emmanuel, y luego de un interrogatorio confirmaron que se trataba de él. Preguntaron por Kaina, ella estaba acostada entre la maleza, los seis días de supervivencia habían hecho mella en su organismo.

Esa noche la alegría colmó la vida de  esos tres hombres, y de todas las personas que no perdían la esperanza del hallazgo. Sin embargo, no podían perder el control de la situación, debía primar la mesura el profesionalismo, una mala atención podría agravar el estado de los muchachos.

Con sus linternas de casco alumbraron a los jóvenes para poderlos chequear, en ese instante, Autiero, otro de los rescatistas voluntarios,  relata que vio en los jóvenes a sus hijos y eso lo recargó de fuerzas para continuar con el salvamento.

El valor de la vida

“Son muchas las horas que se  invierten durante la formación, e innumerables los riesgos que se corren en cada búsqueda. Sin embargo, siempre estamos ahí en las labores de rescate sin recibir nada a cambio, solo nos mueve el espíritu de defender el bien más preciado, la vida”, manifiesta Garroz.

Los rescatistas voluntarios viven en la cotidianidad, entre sus filas se encuentran médicos, ingenieros, administradores, deportistas extremos, estudiantes y otros profesionales que se reúnen con un solo objetivo, salvaguardar la vida de personas y animales en cualquier situación de riesgo.

En las operaciones de búsqueda intensiva los voluntarios  pasan días alejados de las zonas urbanas donde hacen su vida diaria. Por cumplir este compromiso muchos de ellos han perdido trabajos, relaciones y amistades. Sin embargo, nunca pierden el norte, fueron formados para proteger y rescatar.

Una labor en crisis

En la actualidad, las organizaciones de rescate voluntario atraviesan una crisis de sustentabilidad. La falta de dotaciones y equipo especializado, para el rescate y salvamento, los obliga a autosostenerse.

Los grupos de rescate no reciben ayuda por parte del Estado y el aporte de las empresas privadas no son suficientes para compensar los gastos necesarios que se requieren.

Según Enrique Martínez, integrante de Rescate Humboldt,   la falta de recursos reduce en gran magnitud la capacidad operativa de las organizaciones voluntarias.

Del bolsillo de los rescatistas salen los recursos para comprar los uniformes y otras dotaciones que en su mayoría son adquiridas en divisas extranjeras, y por ende representa un alto costo.

“Hacemos patria todos los días, pagamos para ayudar a otros. No es posible que estemos abandonados y desprotegidos por el Estado y la sociedad en general”, manifestó Martínez.

La práctica del voluntariado es uno de los principales aspectos positivos de una sociedad. Rescatistas consideran que la labor que realizan a diario debería tomarse más en cuenta. A juicio de José Camacho, es una tarea que se debe dar a conocer. “Hacer el bien al prójimo es un valor que todos debemos adoptar, necesitamos gente que ame la vida”.

Más 50 de  años de trabajos de rescate voluntario

La mayoría de los grupos de rescate en Venezuela se fundaron entre 1967 y 1973. Luego de una serie de catástrofes y accidentes suscitados durante esos años en varios estados del territorio nacional.

En Caracas, las organizaciones de rescate surgieron después del terremoto del 1967, ante la imperiosa necesidad de personal especializado en salvamento. Rescate Venezuela y la Organización Rescate Humboldt fueron las pioneras en la fundación de cuadrillas de voluntarios.

En el año 2014, el Viceministerio de Gestión de riesgo y administración de rescate hizo un censo donde se registraron más de 500 grupos voluntarios activos, entre ellos se congrega un personal total de al menos 70 mil voluntarios.

Dentro de la historia de la Organización de Rescate Humboldt, resaltan sus labores de búsqueda y salvamento en el terremoto de Nicaragua, registrado en 1972, el cataclismo de Argelia, en 1980, la tragedia de Armero, en 1985, y el deslave de Vargas, en 1999.

Anualmente ingresan a sus filas un aproximado de cinco integrantes, lo que equivale al 10% de todos los que se postulan. La preparación de los voluntarios es la principal política del grupo, tal como su eslogan lo indica “Lo importante no es sólo querer salvar, sino saber salvar”.

Con un personal de más de 30 rescatistas  Rescate Humboldt suma medio siglo de labores. Sus integrantes más antiguos son los pilares transmisores de conocimientos a las nuevas generaciones de voluntarios.  Para ellos el entrenamiento es fundamental, están conscientes de la labor y la responsabilidad que cumplen ante la sociedad.

“El espíritu altruista y aventurero de los jóvenes es el principal motivo que los impulsa a unirse a nuestras filas. Nuestro trabajo va más allá de eso. Salvar vidas es algo para lo que nos preparamos todos los días. Es la mejor labor del mundo”, indicó José Camacho.

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