Ni siquiera con los tres trabajos que tiene, José Montilla podrá comprarles a sus tres hijos los zapatos para el 24 y el 31 de diciembre. Con el dinero que gana reparando artefactos eléctricos y moldeando con cerámica vasos y vasijas pudo comprar telas para que su pareja confeccione la ropa que vestirán los cinco miembros de la familia en las fechas decembrinas. “Gracias a Dios que mi esposa cose, porque no tengo dinero para comprar ropa nueva. Lo que gano en la empresa donde trabajo tampoco me alcanza para nada”, añadió.

Una blusa cuesta 9.499,5 bolívares, promedio, y una camisa de hombre 8.151,4 bolívares. Los pensionados tampoco podrán hacer mucho con el medio petro de aguinaldo adicional que el mandatario prometió. No les queda otra opción que vestir la ropa que guardan en el clóset.

Para muchos, la prioridad este año es adquirir alimentos. Así se observó el jueves pasado al mediodía en Sabana Grande. Mientras varias tiendas de ropa y calzado lucían prácticamente desoladas de clientes, en la puerta de un pequeño comercio que expende alimentos consumidores hacían cola para entrar al abarrotado negocio.

“Ahora solo se piensa en la comida, cuando antes el dinero sobraba para guardar hasta febrero”, recordó Miriam Cedeño, de la tercera edad, que se encontraba en una zapatería. Estaba sentada al lado de Cruzmira Robles, dueña de una peluquería en Carúpano, quien no ha podido comprar ni un par de medias. “Usaré la ropa que ya tengo porque si gasto la poca ganancia que da el negocio, quiebro”. Antes estrenaba atuendos completos no solamente el 24 y el 31 de diciembre, sino también el 25 y el 1° de enero”, expresó con nostalgia.

En otro establecimiento en la zona, un pantalón y una camisa costaban alrededor de 18.298 bolívares. Un conjunto para damas, que incluía pantalón oscuro, una blusa, un suéter tipo cardigan y un par de tacones, salía en 27.796 bolívares.

Ángel y Stephanie Morales eran unas de las pocas personas que estaban en la tienda el jueves al mediodía. Afirmaron que lamentablemente tampoco recibirán la Navidad y el Año Nuevo con vestimentas nuevas. Miraban, atónitos, los precios de las prendas de hombre. “Quedé loco cuando vi que este suetercito cuesta 8.000 bolívares”, y señaló la pieza que colgaba en el perchero.

“Ahora solo un trabajador independiente puede comprar ropa, el asalariado tiene que olvidarse de eso”, aseguro Miguel Zamora, que perdió el 1° de noviembre su empleo, luego de que cerró la transnacional donde trabajaba, debido a las medidas que puso en marcha el gobierno en agosto. “Ahora reparo aparatos de aire acondicionado y haré un esfuerzo para que mis dos hijos estrenen”, dijo antes de recordar que en años pasados la niña vestía ropa nueva prácticamente todos los días desde el 1° de diciembre hasta el 15 de enero.

Oferta reducida. En las tiendas del bulevar no había colores navideños que pudieran camuflar el gris de las santamarías de los comercios cerrados. En una cuadra, 7 de 10 no abren. No había ni un cliente en uno de los pocos que estaban abiertos y los dos únicos trabajadores conversaban.

“La situación está complicada. Ya no es como antes que estrenábamos hasta la ropa de cama. La gente compra un par de zapatos que dure todo el año porque no tiene el dinero suficiente para adquirir tres pares”, indicó la empleada. Su compañero añadió: “Varios clientes me han comentado que les comprarán a sus hijos zapatos negros para que después los utilicen en la escuela”.

Era poca la variedad que ofrecían, pues prácticamente no les llega mercancía y la fábrica que tenía el negocio quebró hace cuatro años. “A estas alturas ya no nos despachan más”, aseveró el trabajador.

En otra zapatería la oferta también era limitada. “En noviembre nos llegó mercancía solo dos veces”, informó un empleado. Refirió que los precios aumentan a medida que sube el dólar. Un par de tacones estaba en 9.230 bolívares. No tenían zapatos de vestir para hombre.
10.000 bolívares costaba un par de calzado de gamuza para caballeros en otra tienda. De cuero, para niños, se podían llevar en 6.200 bolívares y un par de zapatillas para niñas en 6.500 bolívares.

Jeiner González, consumidor que se encontraba en la tienda, afirmó que este año las prioridades son el bebé y la compra de alimentos porque el ingreso que recibe es insuficiente. “La niña sí va a estrenar ropa; yo, una camisa y ya”. Recordó que antes estrenaba conjuntos completos en las dos fechas decembrinas. “Ni siquiera voy a poder viajar a Maturín, que lo hacía siempre”, agregó.

El alza salarial inquieta. Un día después de que el presidente Maduro anunció un incremento de 150% del salario mínimo: de 1.800 a 4.500 bolívares, comerciantes y pocos consumidores que visitaron las tiendas afirmaron que estaban preocupados por el impacto que tendrá el alza en los precios de los productos.

Para ver qué se podía comprar, Alexander Rodríguez miraba las piezas que colgaban de los percheros en una tienda de ropa para caballeros en el Centro Comercial Ciudad Tamanaco. “Todo está carísimo. Estas navidades son malas, y después del aumento que decretó Maduro todo se va a encarecer mucho más”, vaticinó.

En otra tienda en el centro comercial, una trabajadora le recomendó a un consumidor que no tardara en regresar porque los precios suben constantemente. “Ayer había un precio y hoy otro, acuérdate de que Maduro habló”, le dijo.

No más de cinco consumidores estaban en el establecimiento. La empleada recordó que en años anteriores había largas colas de compradores y tenían habilitado el piso superior de la tienda. Ahora no porque no hay suficiente mercancía.

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