Las tumbas del país se han abierto nuevamente para denunciar el robo de lápidas. La situación parece haberse agudizado al cierre de mayo de 2018. Recordamos un balance escabroso de los camposantos de Caracas, publicado por Caraota Digital el año pasado.

Del Cementerio del Este, en El Hatillo, hurtaron 500 lápidas. En El Cercado, en Guarenas, la cantidad fue de 162 mármoles, solo en una noche. Mientras que del General del Sur, el más extenso de Caracas, se llevan hasta los huesos. Voceros de los camposantos consultados por Caraota Digital dicen sobre la inseguridad: “Así está el país”. ¿Suficiente argumento para reponer del dolor a los familiares afectados?

“Aquí no hay profanación de tumbas”, aseguró una autoridad del Cementerio General del Sur. “Y de haberla, la responsabilidad es de los paleros que usan los huesos para sus creencias, no de los santeros”, remata para denunciar una práctica que se ha hecho común en los camposantos del país por un sector que profesa una fe no convencional y que, según opina, ha aumentado la inseguridad en estos recintos sagrados.

Se calcula que su extensión es de casi 300 hectáreas y, sin embargo, el número de oficiales de seguridad interna, de acuerdo con datos recogidos por Caraota Digital, es de 25 funcionarios. Visto así, el principal cementerio de la capital queda sin resguardo.

EL ESPACIO CAPITALINO, COMPARADO CON UNA CIUDAD DENTRO DE CARACAS, ES CRUZADO A DIARIO POR VECINOS DE SECTORES COMO LA COTA 905 Y PRIMERO DE MAYO. PERO SON MÁS LAS BARRIADAS QUE UTILIZAN LOS CAMINOS PARA LLEGAR, POR EJEMPLO, A LOS MERCADOS UBICADOS EN LOS ALREDEDORES.

Esta forma de coexistencia entre vivos y muertos ha hecho que sea casi imposible el control de la seguridad.

Desde el camposanto aseguran contar con la colaboración de la Policía Nacional Bolivariana y la Guardia Nacional que, efectivamente, estaban durante la visita realizada por este equipo reporteril.

“Aquí lo que hay son mineros”

Otrora sitio de reposo para presidentes venezolanos y apellidos de procedencia económicamente sólida, el Cementerio General del Sur recibió en el pasado a ciudadanos que se fueron a su descanso eterno con sus mejores prendas. Esa era la costumbre hace décadas.

HOY, EL MISMO PERSONAL DE ESE CAMPOSANTO ACEPTA QUE HAY UNA MAFIA –SUPUESTAMENTE, NO IDENTIFICADA– QUE SE DEDICA A ABRIR TUMBAS PARA SAQUEAR LOS CADÁVERES DE LAS PIEDRAS PRECIOSAS QUE TENGAN. SE LES LLAMA MINEROS. “RECUERDA QUE A NUESTROS ANTEPASADOS LOS ENTERRABAN CON TODAS SUS PRENDAS”.

Aunque el cementerio está bajo la jurisdicción del Gobierno, desde allá admiten que solo el Estado puede organizar una forma de neutralización de la delincuencia.

“El cementerio es Venezuela, no el Vaticano”

Así es como Livia Martínez, gerente de servicios del Cementerio del Este, ilustra el nivel de inseguridad que agobia a los venezolanos.

Admite que dos bandas de delincuentes ingresaron en julio pasado a las praderas de ese camposanto. Se llevaron 500 lápidas de las 4.000 ubicadas en el nicho identificado como Terraza 63.

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