“Soberanía”, “independencia”, “socialismo bolivariano”, “revolución”, además del célebre y triste recordado “por ahora”; son –entre otros– parte de la verborrea que se escucha por los pasillos del Cuartel de la Montaña durante la media hora, promedio, que dura el recorrido en el que se pretende exaltar la figura del fallecido presidente de la República, Hugo Chávez.

Tres mujeres escuchan con atención de una guía turística, personal del Ministerio de Turismo (Mintur) que se comparte esta responsabilidad con efectivos de la Milicia Bolivariana. Son las 11:40 de la mañana cuando las rescatan de una sala de espera que se encuentra en ruinas. Dos de las cuatro hileras de tres sillas funcionan a medias.

Son un trio de oficialistas que han subido en el metrobús dispuesto especialmente para trasladar a los escasos visitantes que, a casi cinco años de su deceso el 5 de marzo de 2013, aún acuden a venerar al polémico mandatario.

Desde entonces, progresivamente han ido desapareciendo progresivamente las flores, velas o cartas que sus “fieles” seguidores dejaban en las inmediaciones del otrora museo militar ubicada en el emblemático Monte Piedad de la parroquia 23 de enero en el oeste la ciudad de Caracas.

Todo luce perfectamente pintado, limpio y fuertemente custodiado, como si se tratara de una burbuja dentro de esta zona que, como muchos otros barrios de la que algún momento fue la sucursal del cielo, se encuentra abarrotada de basura y con importantes carencias de los servicios básicos.

Las mujeres que leen ejemplares de diarios oficiosos revelan que vienen del estado Bolívar y es la tercera oportunidad en que hacen el recorrido, prácticamente se lo saben de memoria.

Mientras caminan entre las 23 banderas que se encuentran en el pórtico del fuerte militar, construido e inaugurado por Cipriano Castro en 1907, la funcionaria le apunta como una victoria exclusiva de Chávez la conformación de la  Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

Las enrumba hacía el cañón alemán con el que a diario a las 4:25 pm, hora en que -según el anuncio oficial- falleció el ex primer mandatario. Explica que suenan una bala de salva cada tarde para rendir tributo a Chávez.

La funcionaria que no para en su búsqueda por construir en el imaginario de quienes le acompañan un altar para endosar en el al “Comandante Supremo”. Ignorando por completo los delitos incurridos durante el intento de golpe de Estado encabezado por el entonces teniente Chávez el 4 de febrero de 1992, habla de la rebelión militar como un acto heroíco.

Con la cripta donde reposan los restos mortales del oriundo de Sabaneta de Barinas, la joven lee las palabras pronunciados por él durante la rebelión militar en la que intentó asesinar al entonces presidente Carlos Andrés Pérez. Están impresas en una placa de mármol.

De inmediato, avanza hacia el salón central de la que también fue sede del Ministerio de la Defensa por cuarenta años (1941 – 1981). Relata lo que ya se sabe de memoria sobre “la flor de los cuatro elementos”, obra creada por el arquitecto Fruto Vivas para tal fin. Acuña que Chávez fue un hombre ambientalista.

Hasta el momento, no hay mención alguna a Nicolás Maduro y mucho menos a la crisis política y económica que se atraviesa Venezuela desde que el herededo político de Chávez asumió el poder.

Un grupo de puertas cerradas delimitan cada salón. La prohibición de grabar cualquier movimiento dentro de lo que hoy se ha limitado a ser un mausoleo es cumplido a cabalidad por dos integrantes de la guardia de Honor Presidencial que se encarga de garantizar la seguridad del recinto.

Un joven que coincide con el recorrido realizado por las tres adultas mayores, y que encabeza una miliciana, es capturado grabado el cambio de guardia de las 12:00 m, y lo obligan a borrar el material. Los patios posteriores y el piso superior, donde de acuerdo a lo que comenta la guía funcionan las oficinas administrativas.

El recorrido en esta oportunidad se limita a dos de las tres salas actas. En la primera se encuentran bajo el eslogan “por aquí paso, compadre” un mural con los presuntos anteriormente excluidos discapacitados, indígenas, negros o afrodescendientes, entre otros. El resto de la sala la componen retratos de paisajes de Venezuela que incluyen citas de Chávez Frías.

En el cuarto contiguo hay réplicas de la “humilde” vivienda donde nació y creció a quién la prensa ha llegado a calificar como el penúltimo dictador. También se evoca en el mismo espacio una copia del salón donde estudió en la escuela Julián Pino de la ciudad llanera.

En la cronología destacan desde el nacimiento de Hugo de los Reyes Chávez y Elena Frías de Chávez, padres de Chávez; la época durante la que “el arañero” vendía los dulces típicos realizados por su abuela, la incipiente participación del “látigo Chávez” como pelotero, su paso por la academia militar, así como su ascenso al poder. Todo suena a palabras huecas frente a la terrible realidad que hay del otro lado de las paredes del recinto militar.

Las bolivarenses, que completan cualquier frase que deja en el aire la joven a cargo del recorrido, explican que en el tercer cuarto se encuentran las pertenencias de Hugo Chávez, como la taza de peltre en la que tomaba café.

¿Y los fondos?

Cualquier información adicional al discurso preparado para la gira pareciera ser información de Estado. Son poco accesibles para los medios datos oficiales sobre visitas, ingresos para mantenimiento de la Fundación que se ocupa del lugar.

En el recorrido realizado por Venezuela Al Día, intentó conocer pormenores de la operación del lugar, obteniendo como respuesta que deben dirigir una comunicación oficial a Rosa Virginia Chávez, hija mayor del citado padre de la revolución.

En portales oficiales de ministerios pocos detalles hay de la procedencia de los fondos. En el país donde las cifras oficiales son irrevelables, no habría porque variar con esta información. Venezuela Al Día contactó a diputados de la Comisión de Servicios, Contraloría y Defensa, entes legislativos dependiente de la legitima Asamblea Nacional, sin que ninguno pudiera identificar el origen de los mismos.

 

VAD

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