Andrea De Oliveira y Clara son pareja desde hace un año. Según ellas, han logrado vivir en una especie de “burbuja” donde la homofobia no las toca, por lo menos no en sus zonas de confort. “Nuestros papás saben y para ellos no es ni siquiera relevante. Nuestros amigos nos apoyan, hasta mi hermanito de 7 años sabe. Para todos solo somos Clara y Andrea. Nada anormal”.

Andrea, de 26, es psicóloga egresada de la Universidad Católica Andrés Bello y Clara, de 24 años, es odontóloga y cursó sus estudios en la Universidad Santa María.

Como jóvenes que contribuyen a la sociedad y, sobre todo, como pareja, buscan espacios de entretenimiento sano, para que la rutina no sofoque. Más coloquialmente, tienen derecho a la “jodedera” y así se lo propusieron un miércoles 19 de septiembre.

Clara, aún con su mono quirúrgico, se reunió con su novia y acordaron ir a un sitio para tomar unos tragos. Decidieron ir a Pisko Bar, un local nocturno en el Centro San Ignacio, en Caracas.

Llegaron temprano: alrededor de las 9 de la noche. El vigilante les dijo que prácticamente no había nadie, y realmente solo estaban un par de clientes más.

“Entré y el bartender se puso pedante”, contó Andrea a UB: “Cuando le pedí un trago me gritó ‘anda a pagar primero’ y así lo hice sin chistar”.

La actitud de ambas en la barra la describen como nada obscena, nada fuera de lo común para una pareja: se sentaron una al lado de la otra y Andrea le hacía unos pequeños cariños en el brazo a Clara.

“Después del segundo trago fui al baño”, dijo Andrea: “Cuando salí me encontré a Clara hablando con un vigilante, alguien de seguridad del local, que parecía regañarla”.

Andrea confesó que hasta le causó gracia porque ya están un poco acostumbradas a los regaños en público. Y se acercó con curiosidad a preguntar qué pasaba.

“Hola, buenas noches, ¿cuál es el problema?” preguntó la joven. “No… bueno, es que no pueden hacer esto aquí”, fue la respuesta del empleado de seguridad.

Andrea le increpó sarcásticamente: ¿Qué habían hecho de malo ¿Tomar un trago, usar lentes, estar con ropa quirúrgica?

“No, no… Esto, esto. Bueno, es que no soy yo, es que se quejan”. El hombre no sabía explicar que tenía un problema con sus demostraciones de afecto.

La pareja le dijo al guardia que les mostrara las imágenes de esa conducta impropia, pues tenían una cámara al frente. El tipo se calmó un poco y Andrea logró hablar con él hasta que se fue.

Clara ya estaba muy molesta y esto creó una situación incómoda entre ambas. Mientras Andrea se reservaba por miedo a ser injustamente juzgada, Clara quería bailar sin tapujos y “cagarse” en lo que dijera la gente. “No es porque yo no lo quiera hacer, me da fastidio que vengan a fastidiarnos otra vez y nos arruinen la noche”, le soltó Andrea a su novia, quien se molestó aún más.

Clara comenzó a llorar y naturalmente, su pareja la abrazó para tranquilizarla. Desde la empatía le explicó que entendía su frustración y que se calmara.

Momentos después, Clara avisó que iba al baño y Andrea ofreció comprar otra ronda de tragos.

Mientras se dirigía a la caja la abordaron dos vigilantes de Pisko Bar -el mismo de antes con otro- para reclamarle nuevamente pero en otro tono: “Me empezó a hablar, pero mucho más hostil. Me empezó a manotear como buscando problemas. Me dijo que ya nos había dicho, que dejáramos de hacer eso”, explicó Andrea.

Una vez que los vigilantes dejaron de increparle, se dirigíó a la cajera y le dijo que no estaba de acuerdo con ese trato, que ellas eran clientes del local y que no estaban haciendo nada malo.

Fuente: El Estimulo

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