“Mi carta de despedido estaba lista desde el lunes 17 de julio, día siguiente de la consulta popular”, dice Manuel Urbina, quien trabajó durante 6 años en el metro de Caracas en la estación Mamera. Al principio entró como guardia de seguridad hasta escalar a operador de servicios de estaciones.

El jueves a las 10:00 pm –cuando se encontraba trabajando– Urbina fue sorprendido por una comisión de supervisores, el abogado de la empresa y dos policías nacionales en la estación Mamera: “No manejaban información de por qué yo estaba siendo despedido. Yo no quise recibir el papel, tampoco firmé nada. Me pidieron que les entregara el carnet, la credencial y la tarjeta magnética para vender boletos”.

“Las cartas de despido las mandó a hacer el presidente del sindicato, Edison Alvarado. Porque su hermana es la gerente de recursos humanos, María Gabriela Alvarado. Tengo entendido que son cientos de personas botadas. Y que podría venir otra lista con más”, manifiesta Urbina.

Aunque desconoce la causa del despido, pudo conocer que podría estar vinculado a su presunta participación en la consulta popular, pero él asegura que no asistió y que ese día se quedó con su hijo por ser el día del niño. Tampoco fue al simulacro electoral de la constituyente.

Urbina se considera como un “empleado rebelde” y destaca que estaba firme en tampoco votar en la jornada del 30 de julio y asumir sus consecuencias. “Estaba cansado del abuso de poder, del maltrato a los trabajadores, de la corrupción. Hace unos meses estaba siendo acosado por parte del sindicato y los supervisores lacayos del presidente Alvarado. Porque no estoy de acuerdo con sus ideales políticos. Estaban buscando la vuelta para echarme. Supongo que dirían ‘este es escuálido y tuvo que firmar en la consulta popular’”, explica Urbina.

De hecho, asegura que días previos al 16 de julio, hubo una reunión en la que participaron los gerentes, el sindicato y el presidente del metro, Gerardo Quintero. “La orden fue que el que votara en la consulta popular estaba botado, así como también el que no fuera a elegir a los constituyentitas el 30 de julio”.

El martes, Urbina asistirá al ministerio del Trabajo y se reunirá un personal del metro de Caracas para revisar su situación. “Después del jueves me sentí mucho más tranquilo. No quiero seguir viviendo esa presión y control. Veré cómo hago para salir adelante económicamente. Quiero que se haga justicia conmigo y con los demás trabajadores que despidieron”.

“Me han dicho mis compañeros que ahora que me botaron, menos irán a votar en la constituyente”, enfatiza.

EL NACIONAL

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