as constelaciones familiares son una herramienta fundamental para vivir mi camino en paz. Me enseñaron lo importante que es la inclusión de todos los miembros de mi sistema para que haya orden y como uno, por estar implicado con un ancestro, toma decisiones y vive experiencias que no le corresponden. Fue como poner una luz en aquello que estaba oscuro para sanarlo. Sé que me queda mucho por aprender aún, pero cuento con un instrumento que facilita el andar”, relata Camila de 21 años, participante de los talleres de la corriente terapéutica desarrollada por el teólogo y filósofo Bert Hellinger hace más de 30 años con el propósito de entender y ordenar la historia de cada persona para mejorar el presente y encarrilar el futuro.
“Se trata de un recurso que tiene la capacidad de explicar y mostrar con claridad las razones por las que somos como somos y nos relacionamos como lo hacemos. Nos permite comprender que muchas de las cuestiones que no fluyen en nuestra vida, no son sólo resultado de lo experimentado por cada uno, sino también de los destinos, los dolores, las exclusiones, las experiencias y los traumas que vivieron nuestros ancestros”, indica Sara Levita, psicóloga, consteladora y autora de Sanar en el alma, curar en el cuerpo.

Encuentros que alivian
Como una puerta de entrada al bienestar, según los expertos, las constelaciones familiares ayudan a resolver todo tipo de dificultades: con la pareja, los padres, hermanos o hijos; en relación a la salud; jurídicas y de índole laboral o económico, entre otras. “Muchas personas llegan a los talleres luego de haber probado múltiples terapias sin alcanzar una solución. Lo que ocurre es que la información está en un lugar donde la conciencia no puede llegar, porque es transgeneracional. Es ahí donde resulta efectiva esta herramienta, ya que logra trascender los límites que impone el Yo y que sólo el alma sabe y contiene”, señala Levita.
La metodología consiste en la reunión de un grupo alrededor de un espacio central que se llama campo, con la presencia de un facilitador. La persona que desea trabajar, elige representantes para los miembros de su familia, incluyendo uno para sí mismo. Luego los posiciona en el espacio, guíada por cómo los ve. “A partir de esa imagen y tomando en consideración los sentimientos de los representantes, el profesional hace los cambios necesarios, permitiendo que surja la dinámica oculta. Luego sigue ordenando el sistema hasta llegar a una imagen de solución. Mediante frases curativas o ritos del lenguaje corporal se eliminan los desórdenes e implicancias sistémicas y todos los miembros de la familia recuperan el lugar que les corresponde”, asegura Marcelo Ducruet, psicólogo clínico, constelador y autor de El constelador y las profundidades familiares del alma.

Momento de sanación
A diferencia de las terapias convencionales, cada taller de constelaciones familiares es único, por lo que es posible concurrir una sola vez o con la frecuencia que se desee. Se realizan en jornadas de unas cuatro horas y se puede participar de tres maneras: como Consultante, que es el elegido para constelar su tema; como Representante de algún aspecto o persona que el consultante elije, o como Participante, es decir, asistiendo al taller. Los profesionales entrevistados indican que en cualquiera de los lugares, las comprensiones, los movimientos hacia las soluciones y las sanaciones logradas en el alma, son igualmente valiosas.
Por otra parte, añaden que si el trabajo está bien guiado, se puede sentir alivio desde el momento del cierre de la constelación. “Al poner en escena el movimiento del alma familiar, la técnica permiten estar en sintonía con el sistema al que pertenecemos y reconocer nuestro lugar, incluir a los excluidos y tomar lo bueno y lo difícil que recibimos. Al ordenar el plano del alma, los demás aspectos de la vida fluyen”, explica Cristina Llaguno, terapeuta transpersonal, consteladora y autora de Constelar para sanar.
Ernesto de 55 años, participante frecuente de los talleres, comparte su experiencia: “Mi primera constelación marcó una bisagra en mi vida. Aquello que era invisible e intocable, se hizo real en el campo. Los hechos que se fueron traduciendo a partir de ese ordenamiento son notables. Me devolvieron las ganas de vivir desde el alma”, asevera.

 

Las preguntas de las Constelaciones Familiares

Cristina Llaguno explica que, a través de las constelaciones familiares, los especialistas acompañan a las personas a reconocer sus fidelidades inconscientes, su niño interior herido y su amor infantil o ciego con el que se hacen daño. “Estos procedimientos nos invitan a preguntarnos por el origen de nuestro quehacer: ¿Estamos actuando por criterio propio?, ¿lo hacemos a partir de ese amor infantil que es fiel a patrones familiares y sociales?, ¿por quién actuamos de determinada manera?, ¿quizás sea por fidelidad a nuestro padre o madre? ¿o quizás para redimir a algún antepasado, a alguien que fue excluido o no se ha reconocido en nuestro sistema?, ¿estamos identificados con la víctima o con el verdugo de alguna historia familiar? Los antepasados nos preceden en la extensa cadena familiar y, según nuestro lugar en ella y los conflictos vividos, nos desarrollamos de diferentes formas”, resume la autora.

LUZ PERFIL

Comments

Dejar una respuesta