Las estadísticas se empecinan en demostrarnos que el amor suele tener fecha de caducidad. Monotonía, tedio, incomprensiones, conflictos varios… Las relaciones se enfrentan a una prueba de resistencia a la que recientes investigaciones añaden ahora un nuevo obstáculo: la diferencia de edad.Un estudio elaborado por científicos de la Universidad de Colorado en Boulder (Estados Unidos) y que recoge la revista ‘Journal of Population Economics’, concluye que tras un periodo corto de felicidad, las probabilidades de divorcio aumentan por cada año que separa a las parejas, sobre todo después de una convivencia superior a seis años.”Los hombres que están casados con esposas más jóvenes son los más satisfechos y los hombres que están casados con esposas mayores son los menos satisfechos. Las mujeres también están particularmente insatisfechas cuando están casadas con maridos mayores y particularmente satisfechas si están casadas con esposos más jóvenes”, explica la doctora Terra McKinnish, coautora del trabajo.Los datos con los que estos investigadores contribuyen a dinamitar el ideal romántico los extrajeron de un estudio que comenzó en 2001 preguntando desde entonces cada año a cerca de 20.000 individuos con pareja su nivel de satisfacción personal.La barrera de los cinco añosRandy Olson, científico especialista en análisis de datos de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos), utilizó un método parecido para llegar a unos resultados similares. Desarrolló unas gráficas a partir de las historias de 3.000 individuos casados y divorciados. Pretendía averiguar las principales causas que hacían fracasar sus relaciones, y de nuevo apareció la edad como un elemento a tener muy en cuenta.Olson es más preciso en su estudio: a partir de los cinco años de diferencia, las probabilidades de fracaso son un 18% superiores al de las parejas de edad similar; si son 10 años aumenta hasta el 39%, y así sucesivamente. Cuando hay 25 años de diferencia o más, la separación está asegurada.Estos dos estudios buscan los motivos de lo que muestran la estadísticas en que el tiempo aporta nuevas experiencias e intereses y genera referentes culturales distintos que cuesta conciliar a pesar de que los sentimientos inviten a acortar las distancias. “Cualquiera que tenga hermanos sabe que cinco años de diferencia pueden cambiar la forma en que ambos viven y ven el mundo -explicaba Olson-. Es vital para las parejas casadas estar sincronizadas cuando deben tomar decisiones importantes. Así que si tienen visiones muy distintas, las cosas se complican”.Visto el escepticismo recurrente de la ciencia cuando habla del amor a largo plazo, más valdría centrarse en disfrutarlo mientras nos haga felices en el presente…

EL MUNDO

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